domingo, 5 de noviembre de 2017

La lucha por el derecho


Este año,  el Día del Abogado tuvo un sabor  especialmente amargo: la situación del país, que reclama urgentemente  la reivindicación del  Estado de Derecho,  no permitió que la fecha se  celebrara  igual que en años anteriores. Los actos se limitaron a formalidades protocolares,  donde se destacó la importancia del profesional del derecho en la lucha por la justicia.  En la Ucab,  se realizó un foro dedicado a la reivindicación de la abogacía,  allí tuve la oportunidad de compartir  con los profesores Eligio Rodríguez, Roberto Delgado y Aiskel Andrade , un espacio para explicar,  por qué,  en medio de  esta  turbulencia general,  el derecho sigue siendo el mejor camino para alcanzar la felicidad Social.

Las redes sociales se encargaron de trasmitir la idea de que no había nada que celebrar, porque  el derecho, que siempre se presenta como el sendero a la paz,  irremediablemente ha desaparecido de nuestra vida,  siendo sustituido por el odio y la violencia.  Voy a dedicar este espacio para demostrar el error de esta afirmación.

En primer lugar, creer que el derecho es solo tarea de abogados es una equivocación. El derecho nunca desaparecerá,  porque forma parte de la naturaleza humana: hablar de derecho no es otra cosa que hablar de la dignidad del hombre,  que solo se alcanza cuando es respetado como una persona,   es decir, un sujeto de derecho. Por lo tanto,  la lucha por el derecho, que no es otra cosa que la lucha por la dignidad, nunca desaparecerá mientras exista la vida humana.

Por otro lado, creer que el derecho debe ser reino de la paz, donde el sufrimiento esté ausente,  es una ingenuidad. Decía el Ilustre jurista alemán, Rudolf Von Ihering, que, “El que crea que  los derechos se conquistan sin dolor, se parece al que cree que los niños los trae la cigüeña. Todo lo contrario, al igual que el parto causa dolor a la madre,  la conquista de los derechos siempre ha sido dolorida”. Lo que hoy disfrutamos ha sido el producto de arduas luchas de quienes no  se conformaron con una  vida de humillación y sometimiento. Decía el ilustre Ihering: “El fin del derecho es la paz, y el medio para logarlo es la lucha; una lucha donde deben estar involucrados los pueblos, el poder del Estado, los estamentos o clases y los individuos”

El célebre jurista Uruguayo Eduardo Juan Couture Etcheverry, dicta los inmortales mandamientos del abogado, que constituyen la hoja de ruta en la vida de todo abogado y lectura obligatoria en celebraciones como la de hoy. Solo voy a referirme a dos. Dice el cuarto mandamiento, “Lucha: Tu deber es la lucha por el derecho; pero el día en que encuentres en conflicto el derecho con la justicia,  lucha por la justicia”. Pero esto no se refiere a la violencia irracional,  es una lucha que debe estar marcada por la lealtad, la  paciencia y la tolerancia y,  sobre todo, la fe.

En efecto, dice el octavo mandamiento: “Ten fe en el derecho, como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la justicia, como el destino normal del derecho; en la paz, como sustituto bondadoso de la justicia; y sobre todo, ten fe en la libertad, sin la cual no hay derecho, ni justicia, ni paz.

Pero como decía más arriba, la lucha por el derecho no es solo una labor de abogados, debe ser tarea de todo ciudadano.   Voy a poner como ejemplo a Rosa Parks, una humilde costurera,  que el primero de diciembre de 1955, se negó a cederle el asiento a un hombre  blanco y por eso fue arrestada, convirtiéndose en el detonante de un gran movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos.  Por lo tanto, la lucha por el derecho es un compromiso moral,  que debe asumir todo hombre ante las humillaciones  que se producen contra la dignidad humana.

Hay que reconocer la mala situación que estamos viviendo,  sin caer en la tentación del pesimismo, porque el verdadero derecho por el cual se lucha, no es algo que tuvimos ayer y hoy perdimos,  no, el anhelado reino de la justicia está en el futuro y hacia allí tenemos que dirigirnos. 

Esta idea,  está perfectamente reseñada en el Libro de José Antonio Marina y María dela Válgona La Lucha por la dignidad,  donde se afirma que, “La edad de oro de la humanidad jamás existió; aun al contrario, si en algún lugar del tiempo fuere posible encontrarla esta se hallaría sin duda en el futuro y no en un pasado sin nombre. Las sucesivas luchas contra la esclavitud, la discriminación  racial o de género o la arbitrariedad jurídica, demuestran contra la tentación del pesimismo, el progreso moral de nuestra especie. Aún queda mucho por andar, pero empezamos a conocer los mecanismos que pueden hacer realidad ese viejo anhelo de justicia Universal”. 

Creo que no hay mejores palabras para celebrar el Día Nacional del Abogado en el tiempo que nos toca vivir: el reino de la justicia está por venir;  pero esto no será gratuito ni placentero, todo lo contrario, para alcanzarlo y merecerlo hay que trabajar y sufrir.
Hay una frase que se repite en todas las manifestaciones,  ¿Quiénes somos?: Venezuela, ¿Que queremos?  Libertad.  Esto hace recordara Johann Wolfgang Von Goethe, “La libertad es como la vida, solo la merece quien sabe conquistarla todos los días”. 





   

jueves, 15 de octubre de 2015

Los jueces y los problemas de la vida en común.




Oliver Wendell Holmes, ilustre exponente del realismo jurídico norteamericano, decía que, “el derecho es lo que los jueces dicen que es”. Porque para los realistas el derecho es vida cotidiana, hecho social. En este orden de ideas, quiero destacar la importancia de los jueces ante las  sentencias de Tribunal Supremo de Justicia que, cambian la interpretación que tradicionalmente se hacía sobre las causales de divorcio, considerando que, ahora el vínculo matrimonial podrá disolverse por “otras circunstancias que impidan la vida en común”. Aquí surgen las dudas ¿Cuáles serán esas circunstancias? ¿Qué  decidirán los jueces sobre la vida en común? 

Para quienes no son expertos en asuntos jurídicos, hay que explicar que la  interpretación tradicional del divorcio lo consideraba como un castigo, que debía aplicarse al cónyuge culpable del conflicto matrimonial. Según esta opinión, las crisis de convivencia se producen principalmente por dos razones: el abandono o la violencia. Así se interpretaba el artículo 185 del Código Civil antes de las decisiones jurisprudenciales que comentamos. Ahora la cosa cambia, aparece el llamado divorcio “incausado”, que puede sustentarse en circunstancias diferentes a los motivos tradicionales. Bajo el nuevo paradigma  puede declararse  el divorcio sin culpar a los cónyuges por incumplimiento de deberes conyugales, reconociendo que hay otras  realidades les impiden llevar una vida en común.

Sobre los cambios que se han producido es esta materia, se debe destacar que lo  primero que se modificó por interpretación judicial, fue la idea del abandono como causal de divorcio. Antes se decretaba cuando la pareja dejaba de convivir, porque uno de ellos se iba a otra parte; hoy la cosa es diferente. Un cónyuge abandona al otro cuando no lo incluye en su proyecto de vida. Pueden vivir juntos y eso no quiere decir que lleven vida en común. Cuando el otro es ignorado material y afectivamente, y no se respeta su dignidad personal, de nada vale que vivan juntos, hay una situación de abandono que puede provocar el divorcio.

Par evitar confusiones, debo destacar que las tradicionales causales de divorcio se mantienen. Por lo tanto, el incumplimiento de deberes conyugales, puede ocasionar que el infractor sea “declarado culpable del divorcio”. Lo que pasa, es que ahora la vida es más complicada, y más que la violencia, las diferencias obstaculizan la convivencia. Por  ejemplo: dos personas con creencias religiosa opuestas radicalmente, si no llegan a acuerdos mínimos de convivencia, no van a poder vivir juntos. También enfrentarán serias dificultades  quienes tengan visiones distintas sobre los convencionalismos sociales: a una caraqueña le costará compartir las costumbres de vida de un hombre del campo. Y ni hablar de aquella historia del antropólogo norteamericano con la indígena yanomani  En conclusión, habrá que analizar si las diferencias son tolerables o se convierten en obstáculos insalvables. Lo importante es que “las nuevas razones” pueden alegarse como motivos de divorcio, sin que la contraparte pueda oponer la defensa de prohibición de ley de admitir la acción propuesta.

Ante esta nueva situación, cobra gran importancia la figura del juez, porque el conflicto matrimonial adquiere una relevancia humana que antes no tenía. La vieja idea de que, el mundo está dividido entre buenos y malos, y los fracasos matrimoniales son siempre causados  por la maldad de uno de los cónyuges, debiendo  decretarse el divorcio siguiendo un manual que dicta el legislador, sin tomar en cuenta la realidad, tiene que ser desechada. Los jueces de familia, más que doctores en leyes, debe convertirse en especialistas en comprender y desentrañar los problemas de la vida. Porque, recordando a Holmes, a ellos les toca decidir en los casos concretos, si la vida en común es soportable o inaguantable. twitter @zaqueoo  

domingo, 4 de octubre de 2015

Enfermedad y justicia: la locura y el derecho


 
1.        Abogados y psicólogos. En días pasados visité el Palacio de Justicia de Ciudad Guayana y al saludar a un amigo me dijo: “Aquí ya no se puede ejercer,  hay muchos locos con título de abogado que están enloqueciendo a la gente” Independientemente de lo acertado o exagerado de esa afirmación, la relación entre el ejercicio del derecho y las patologías psicológicas no es nada nuevo. En 1972 Luis Muñoz Sabaté, destacado abogado y psiquiatra, escribió un libro obligatorio para todo jurista,  Enfermedad y justicia: el papel del derecho en la psicoterapia individual y social. Plantea allí el autor, otra cara del conflicto jurídico, su semblante psicológico. Cita al ilustre jurista Jerome Frank: “La profesión jurídica debe prestar atención a los psicólogos porque las tareas de los jueces son principalmente psicológicas” Esto es una indiscutible verdad, porque si hay una actividad humana que se desenvuelve entre innumerables pasiones, -muchas veces descontroladas- esta es la judicial. A eso voy dedicar estas líneas.  
 
2.       Sobre las  emociones jurídicas. Sin entrar en las profundidades de Luis Muñoz Sabaté, quiero destacar que, el conflicto jurídico produce inevitablemente tres tipos de emociones o patologías conductuales, como dicen los especialistas: la agresividad, la angustia y la ira. En primer lugar, todo juicio despierta agresividad, en tanto que “el individuo se encuentra convencido que el otro quiere quitarle lo suyo”. La agresividad se puede manifestar en forma física o verbal, lo malo es que en ocasiones, se convierte en un estilo, de quienes equivocadamente solo creen en la fuerza o el terrorismo jurídico para obtener un resultado.
 
 En segundo lugar, hay que destacar el principal problema psicológico del conflicto jurídico, la angustia, la incertidumbre sobre lo que va a pasar: ¿Ganaremos o perderemos? Quien tiene un juicio pendiente es presa fácil de esa obsesión de inseguridad que produce esperar por saber el resultado del litigio;  generalmente, no cree en nadie y vive atormentado permanentemente por  la sospecha y el miedo.
 
Por último, hay que destacar la ira: la reacción descontrolada e irracional hacia lo desfavorable. De manera apretada, estos son los principales problemas psicológicos con los que se van a enfrentar todos los involucrados en los conflictos jurídicos, jueces, abogados y justiciables. Lo importante es que tengan conciencia de ellos y los controlen para no precipitarse en el absurdo.
 
El derecho en sociedades neuróticas. Pero el problema no es solo individual, se transmite de manera intensa a las sociedades contemporáneas, que se caracterizan por la vida “estresada” de sus ciudadanos. En esto, las universidades están en deuda con el progreso, porque sus enseñanzas no están a tono con el hombre de hoy, agobiado por la dictadura de la globalización, que impone esquemas esclavizantes de existencia. Y si a esto se le suma que, cuando tienen un problema legal deben sufrir los traumas de la justicia, el resultado es explosivo.
 
En conclusión, es muy importante estudiar y conocer los efectos psicológicos del derecho, por el bien de los justiciables y de la sociedad. De lo contrario puede pasar lo que decían el amigo que, por no entender el peligro de las pasiones jurídicas, estas, nos lleven a la locura (publicado en Primicia 26/09/15)
 
 



La familia y los motivos del divorcio


Mediante sentencia de fecha 2 de junio de 2015, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, hace una interpretación “constitucionalizante” del artículo 185 del Código Civil, estableciendo que, los cónyuges podrán divorciarse por motivos diferentes a los que señala esa norma. Esta sentencia plantea  una manera diferente de entender el divorcio como medio de disolución del matrimonio. Lamentablemente, algunas noticias sobre ella pecan de “superficialidad jurídica”  y le trasmiten al ciudadano común lo que no dice la sentencia. Como todo en la vida,  la decisión tiene cosas buenas y cosas  malas.
Lo bueno de la sentencia es que pretende facilitar la solución a crisis irremediables de convivencia conyugal. Considera el TSJ que las causales de divorcio  del Código Civil están desactualizadas. Dice, específicamente  que, “el individuo debe tener derecho  a decidir un importante aspecto de su vida, a través del divorcio, frente a una regulación pre constitucional escasa, incapaz de satisfacer las expectativas creadas frente a las vicisitudes de la vida y las nuevas tendencias sociales”. En esto estamos de acuerdo. Es absurdo mantener por formalismos jurídicos, relaciones insostenibles que en vez de beneficiar dañan a los cónyuges y a la familia. Las crisis de los matrimonios de ayer no son exactamente las mismas de los de los matrimonios de hoy. En este sentido la sentencia acierta cuando considera que, hay que analizar la realidad de los hechos, para tomar soluciones favorables a la familia. “No es el divorcio sino los hechos que lo demandan lo que atenta contra la familia
Lo malo de la sentencia  es que en su fundamentación pareciera que quiere  “diseñar una nueva idea de la familia” partiendo de la interpretación constitucional. Esto, a mi juicio, es imposible, porque a diferencia del matrimonio, la familia es una “comunidad natural”, con elementos que las sustentan que están por encima de la voluntad humana. Si no se comparte esta idea, discútanselo a los filosos que dicen: “Si imaginamos un mundo envuelto en lo terrores del apocalipsis, es seguro que encontraríamos un organismo superviviente: la bacteria, un mamífero con posibilidades de resistir: las ratas; y una institución humana llamada a construir el nuevo orden: la familia”
 
Pero las reflexiones sobre la naturaleza de familia en la sentencia  no son obligatorias; podemos estar de acuerdo o en desacuerdo con ellas. Lo vinculante es que “la Sala Constitucional realiza una interpretación constitucionalizante del artículo 185 del Código Civil y establece, con carácter vinculante, que las causales de divorcio contenidas en el artículo 185 del Código Civil no son taxativas, por lo cual, cualquiera de los cónyuges podrá demandar el divorcio por las causales previstas en dicho artículo o por cualquier otra situación que estime impida la continuación de la vida en común, en los términos señalados en la sentencia N° 446/2014,…; incluyéndose el mutuo consentimiento
 
Es necesario leer la sentencia con detenimiento por la importancia social que tiene, y evitar lecturas superficiales que pueden hacer mucho daño. Decirle a la gente que “hoy divorciarse es un tiro al piso” es una irresponsabilidad profesional. Porque ahora, más que antes,  las demandas de divorcio obligan a una narración detallada de esos hechos que impiden la vida en común. Y lo más importante, hay que tener  pruebas para convencer al juez de que se debe decretar el divorcio
 
El tema es importante y no se agota con lo que aquí se ha escrito. Lo próxima semana analizaremos la sentencia 446/2014,  para hablar de las circunstancias que impiden la vida en común de la pareja, o “la dificultad de vivir con otro después de la postmodernidad”. (Publicado en Primicia 4/1015)  @zaqueoo

lunes, 23 de junio de 2014

El Día del Abogado para los jóvenes de hoy


Hoy, como cada 23 de junio celebramos nuevamente el día de abogado, pero hoy, más que ayer, ha surgido un sentimiento desmoralizador entre estudiantes de derecho y abogados. La corrupción y la innegable politización de la administración de justicia han herido profundamente la institucionalidad jurídica y el ejercicio de la profesión. Ahora bien,  esto, más que un motivo para “tirar la toalla” es un reto que nos obliga a luchar más que nunca. 

Si revisamos con cuidado la historia, nos vamos a encontrar que la  tiranía y el fanatismo son los principales enemigos de los abogados. Para el ejercicio del poder absoluto, la abogacía es un estorbo porque siempre enfrentará sus abusos, por eso su principal tarea es controlarla o corromperla. Aquí está el meollo de la cuestión, hay que defenderla de quienes quieren destruirla para librarse de la espada de la justicia.

De la película Filadelfia, (que recomiendo ver en este día) recuerdo una frase que me impactó: “El ejercicio del derecho permite que a veces seamos parte de la obra más grande del hombre: la justicia”. Esto no es apreciado claramente, ni por el ciudadano común, ni por muchos abogados o estudiantes de derecho. Se cree que la abogacía es un oficio más, donde lo importante es la astucia para resolver problemas. Y en esta percepción tienen mucha responsabilidad las Escuelas de Derecho que, se preocupan solamente por la trasmisión de conocimientos legales, olvidando la verdadera esencia del derecho , la justicia

A principio de año asumir la tarea de ocuparme de estos temas abriendo este blog.  No pude darle la continuidad deseada, por los problemas que se presentaron durante las protestas estudiantiles y que ocuparon gran parte de mi tiempo. Lo retomo por medio de estas notas  con el compromiso de seguir trabajando en esta tarea, que solo es posible con un profundo compromiso. Como repetimos constantemente en días recientes “Hay que respetar las diferencias, pero ante la injusticia no puede haber ni diferencias ni indiferencia”

Por eso, y mucho más que aquí no cabe, hay que seguir celebrando el día del abogado, repitiendo que, “Al final la fuerza del derecho siempre triunfa sobre el derecho de la fuerza” Y así decírselo a los jóvenes de hoy, que a veces se ven desorientados por el mal consejo o el pesimismo irracional. Les invito a leer, compartir y construir este espacio de fe en el derecho y los abogados


jueves, 30 de enero de 2014

La prueba de la propiedad inmobiliaria

A pesar de que hay norma expresa que no deja dudas al respecto, todavía a hay abogados y jueces que consideran que la propiedad de un inmueble se puede demostrar con documentos notariados. Para despejar dudas copio parcialmente  sentencia de la Sala de Casación Civil, del Tribunal Supremo de Justicia, en Caracas, a los nueve (9) días del mes de diciembre de dos mil once. (Exp. 2011-000431) 


CASACIÓN SIN REENVÍO
Dentro del estudio detenido respecto a las denuncias de infracción de ley delatada en el recurso de casación formalizado por el demandante, y las cuales han sido declarada procedente y da lugar a casar el fallo recurrido, esta Sala encuentra que están suficientemente establecidos los pormenores del artículo 322 del Código de Procedimiento Civil, que hace innecesario un nuevo pronunciamiento sobre el fondo, que atentaría con el principio de la utilidad casacionista y la celeridad jurídica y siendo que la materia objeto de la casación declarada, versa sobre hechos soberanamente establecidos, razones por demás suficientes para hacer uso de la facultad de casar sin reenvío el fallo cuestionado y corregir la infracción develada, en el sentido de que establecido como ha quedado que los documentos acompañados por los demandantes para demostrar la propiedad sobre el bien inmueble a reivindicar, son instrumentos auténticos, los cuales no son oponibles a los terceros ajenos a la relación jurídica vertida en ellos; mas, que el único instrumento posible de acreditar la propiedad sobre un bien inmueble, lo constituye el instrumento protocolizado ante la Oficina de Registro Público competente, todo lo cual conlleva a que no ha sido demostrada la propiedad del bien inmueble objeto de reivindicación en el presente asunto, por lo que en aplicación del artículo 548 del Código Civil, al no estar cumplido el primer requisito concurrente de procedencia de la acción reivindicatoria como lo es la propiedad del bien, trae como consecuencia la improcedencia de la misma, tal como se hará de manera expresa, positiva y precisa en el dispositivo del presente fallo. Así se resuelve.

Retos de la Escuela de Derecho de UCAB - Guayana para la próxima década


Lección inaugural: año académico 2008 - 2009. Ciudad Guayana octubre  de 2008

Recuerdos de la primera década

Hablar de los retos de nuestra Escuela en una fecha tan importante, en que estamos cumpliendo diez años de nuestra fundación, nos obliga a dedicarle unas palabras a esos momentos del pasado que  forman nuestra historia y son el punto de apoyo de nuestro presente y la inspiración de nuestro futuro. La Escuela de Derecho de UCAB Guayana, nace en octubre de 1998, en un momento de mucha expectativa política y social: 1998 es un año  de importancia indiscutible en la historia contemporánea de nuestro país. Los acontecimientos de ese momento son el punto de partida de todo un proceso que todavía no termina  y que marca de manera especial estos últimos diez años.

En diciembre de 1998 se produce la llegada al poder del presidente Hugo Chávez, que como todos saben, no vino solo a ocupar un cargo por un período determinado, sino a impulsar un proceso de cambios que todavía está en marcha y cuyos resultados definitivos están por verse.  Podemos decir que, de manera casual la historia de UCAB Guayana coincide con la historia de la Revolución Bolivariana y, en consecuencia, hemos sido testigos en primera fila de todo el proceso constituyente, de los cambios jurídicos y conflictos políticos vividos durante estos años. En este ambiente, quienes tuvimos la responsabilidad de iniciar las actividades de la Escuela de Derecho, nos encontramos con una tarea que nos parecía gigantesca e inalcanzable, no se trataba solo buscar un grupo de profesores para dictar clases, sino  crear una Escuela a tono con las necesidades sociales, que en ese momento exigían una participación en aspectos públicos considerables y difíciles, inclusive para las grandes facultades de derecho nacionales. Si queremos utilizar una metáfora para ilustrar aquel momento, podemos decir que eran tiempos de “elevada taquicardia jurídica”, en que los acontecimientos no permitían la reflexión serena y pausada sobre el destino de la academia, porque la realidad marcaba otros ritmos

Pero a pesar de todo, salimos adelante y no podemos dejar de recordar con nostalgia y cierto humor aquel primer quinquenio: en el primer año profesores y alumnos eran nuevos, no había experiencia previa en que apoyarse;  a partir del segundo los nuevos era los profesores que se iban nombrado en la medida en que se abrían las secciones. No habían ambiente universitario y la participación de la comunidad universitaria en los grandes temas de actualidad, tenía que ser forzada desde las autoridades de las Escuela. Estábamos en una especie de niñez y adolescencia en que primero había que aprender a caminar para después poder correr.

Es muy importante destacar la crisis del 2003, cuando los acontecimientos políticos nacionales produjeron el cierre de la universidad por un periodo de tiempo significativo. Hoy a siete años vista, recuerdo aquellos hechos no como un aspecto negativo, sino como parte del crecimiento de la Escuela. En enero de 2003  las autoridades decidieron suspender las clases mientras duraba el conflicto político nacional. Un importante grupo de profesores y alumnos se rebeló en contra de esa decisión y tomó los portones de esta universidad realizando una manifestación que duró varios días y produjo una reacción del resto de la comunidad universitaria. La Escuela de Derecho fue tal vez la que más sufrió este conflicto: profesores y estudiante que mantenían excelentes relaciones se enfrentaron en virtud del desencuentro político. Surgieron duros debates sobre la forma de conducir la universidad. Inclusive, estudiantes de derecho intentaron una acción judicial contra las autoridades. En conclusión vivimos momentos difíciles que solo quiero recordarlos sin juzgarlos, pero destacando de ese episodio lo que realmente considero importante, y es que al pasar la tormenta, las actividades y las relaciones de los enfrentados se normalizaron de tal forma, que lo que pudo ser una herida incurable, fue más bien una especie de volapié en el impulso y desarrollo de nuestra escuela. Nos enseñó aquel acontecimiento que somos y tenemos que ser una escuela plural, donde deben tener cabida real todas las corrientes del pensamiento, compartiendo las diferencias y como decía san Agustín “aprendiendo a disentir sin odios”.

Superados aquellos sucesos del 2003 ese mismo año graduamos a nuestra primera promoción de abogados. De allí en adelante las cosas fueron diferentes. Este primer quinquenio que apretadamente acabo de resumir puede ser a futuro el periodo más interesante de nuestra historia: lo terminamos con un cuerpo docente consolidado, un equipo de proyección social, bien ensamblado y un grupo de graduados que hoy ocupan cargos importantes, ejercen la profesión con éxito e inclusive son profesores destacados de nuestra escuela.

En el periodo 2003 - 2008, avanzamos en la promoción de la discusión de los grandes temas de actualidad, El trabajo social comienza a cobrar más importancia hasta la implantación de la ley de servicio comunitario. Participamos activamente en discusión e implementación de la reforma del pensum de estudios que hoy es uno de los más modernos de las escuelas de derecho y, formamos parte de la aplicación del sistema de gestión de calidad. Paralelamente se desarrollaron todas las actividades extracurriculares donde se destacan como momentos estelares los repetidos éxitos deportivos y  las exitosas semanas de las escuelas.

Pero hablar de la Escuela sin dedicarles un capítulo especial a los estudiantes sería algo desconsiderado. Nuestro estudiantes tiene un periodo transitorio pero identificación infinita; los estudiantes solo están en la universidad el tiempo necesario para graduarse. Pero la experiencia nos enseña que su vinculación posterior se mantiene, desde diferentes lugares y actividades y lo más importante es el orgullo que manifiestan cuando se identifican como Ucabistas. En estos diez años la participación del estudiante de derecho en la vida universitaria ha evolucionado de una manera increíble. Los primeros tres años estuvieron marcados por una apatía preocupante, en los tres años siguientes se observa un tímido desertar hacia lo social y político, pero en los últimos años el avance en la participación ha sido vertiginoso. Debo destacar que la representación estudiantil  de derecho logró desplazar de los cargos de cogobierno a candidatos de la escuela de Caracas y durante dos años consecutivos representantes de Guayana ocuparon un puesto en el Consejo de Facultad. Inclusive provocaron un debate importante sobre la interpretación de los reglamentos de representación estudiantil, para hacer oír la voz del estudiante guayanés que, aunque no se logró  el éxito deseado, el conflicto se ha convertido en una especie de movimiento precursor  de la necesaria autonomía  de la UCAb Guayana.

En esta apretada  síntesis de estos primeros 10 años de actividad,  no he pretendido hablar de todos, ni nombrar a todos los que como su esfuerzo han contribuido a construir esta realidad. Simplemente he querido destacar que se cumplió una travesía orientada al cumplimiento de los valores esenciales del derecho, que coinciden en gran medida con los de la universidad. Que nos hemos equivocado, es verdad ¡quien no se equivoca en esta vida! Pero si quisiéramos presentar una especie de rendición de cuentas, estaríamos seguros de que lo positivo estará por encima de todo lo demás. Tenemos una escuela de la cual estamos orgullosos, y muy especialmente porque:

  • Tratamos de ser fieles al espíritu humanista Católico de nuestra universidad sin dejarnos llevar por la modas que ahogan la verdadera esencia del derecho como es la dignidad del hombre

  • Tratamos de no autocensurarnos evitando la participación en los debates más enconados de vida nacional. Nos podrán criticar por cualquier cosa pero no por ser indiferentes.

  • Tratamos de trasmitir el valor de la solidaridad social y su sabiduría a través de los voluntariados y el servicio comunitario. Tenemos una deuda de aprendizaje con la filosofía del pobre que tiene mucho que enseñar sobre todo el coraje y la resistencia ante las adversidades de la vida

  • Tratamos de mantener una observación constante en la actualización y aprendizaje de las nuevas corrientes del derecho para que nuestros egresados no sean solo técnicos en leyes sino juristas con profunda formación humana.

Esta es nuestra hoja de vida.  Juzgar el resultado no nos corresponde a nosotros ya que como abogados sabemos que nadie puede ser juez en su propia causa.

Retos de la Escuela de Derecho para la próxima década

Comenzamos este año académico y al igual que hace diez años iniciamos un nuevo camino lleno de ilusiones  muy preocupados por los nuevos retos. No  tenemos por delante la tarea de crear una escuela de derecho en tiempos de trasformaciones constituyentes y convulsiones políticas.  Ahora nos toca  responder a las exigencias que la sociedad hace a las escuelas  de derecho. Para abordar este tema me referiré a un párrafo de la  lectio brevis pronunciada por  nuestro rector el padre Luís Ugalde el pasado 3 de octubre

“Responsabilidad viene de responder y para responder primero hay que escuchar y entender la pregunta. La primera condición para ser responsable es que seamos una universidad consciente de que la sociedad tiene preguntas, tiene frustraciones, esperanzas y expectativas con respecto a sus universidades”

Siguiendo las ideas de este párrafo y el  espíritu de la lectio brevis orientada a la responsabilidad social universitaria. Voy a formular y responder tres preguntas  que constantemente me hacen desde diferentes sectores de la sociedad: ¿Para qué necesita la sociedad a las Escuelas de derecho? ¿Por qué las Escuelas de derecho no han sabido dar respuesta  a los graves problemas jurídicos que afronta la sociedad? ¿Cómo puede contribuir una escuela de derecho en la construcción de la Paz ciudadana y la armonía social?

¿Para que necesita  la sociedad  las Escuelas de Derecho?

 Hay una opinión  algo generalizada en el colectivo, en el sentido de que las escuelas de derecho no solo no son necesarias,  sino que son inconvenientes para el orden social, pues elevado número de abogados que gradúan en vez de contribuir a la solución de los problemas sociales lo que hacen es agravarlos, propiciando litigios inútiles y prolongando excesivamente los que deberían resolverse a la brevedad. Consideran los defensores de  esta idea, que la sociedad necesita médicos, ingenieros, economistas, es decir, gente que construya y no  gente que destruya. No le restemos importancia a quienes así piensan, porque uno de los errores en que incurrimos repetidamente es no oír las críticas  ni saber sacar provecho de ellas.  Lo que debemos destacar, es que una escuela de derecho es mucho más que una especie de tecnológico jurídico donde solo se trasmite el conocimiento de las leyes y la jurisprudencia. Una verdadera escuelas de derecho debe ser un centro educativo  trasmisor de los valores jurídicos más elevados y formador de juristas que se conviertan a futuro en trasformadores sociales mediante la promoción del derecho. Las Escuelas de derecho  han tenido muy “mala prensa” y no han sabido defenderse. Lo primero que debe hacer es  trasmitirle a la sociedad la importancia del derecho como base fundamental de una comunidad ordenada, justa y humana. Si no existe el derecho la sociedad se acaba, como poco a poco se está acabando, en la medida en que el ciudadano no entiende, que sin el derecho  no solo se rompe el acuerdo social  y, que si no existiera el derecho, dejaría de ser hombre  para  convertirse simplemente en un ser vivo que puede ser tratado a capricho.

¿Por que las Escuelas de Derecho no han dado respuesta adecuada a las necesidades sociales?

Sin caer en generalizaciones, creo que  podemos analizar tres situaciones.

1º Las escuelas de derecho se han preocupado más por trasmitir información sobre las normas, la jurisprudencia y la doctrina que por formar abogados conocedores en profundidad del fenómeno jurídico, que no se reduce solo al conocimiento de las normas, sino que debe ser complementado con a la observación de la realidad social e identificación de los  valores relevantes en una sociedad y en una época determinada

2º La enseñanza  sobre la justicia se ha banalizado, en el sentido que  en las clases, en los foros o discursos jurídicos o en los tribunales se exalta y elogia constantemente pero no se enseña a vivir la justicia. En efecto la justicia es un valor, pero no se trata solo de una idea que flota en la abstracción sin sustento real, sino que la justicia es también una virtud personal que debe ser ejercitada. Tanto el juez como el abogado o el ciudadano de a pie están en la obligaciones actuar conforme a la justicia y en este sentido el estudiante de derecho debe aprender a ejercer esta virtud. El día que cambien la idea de, enseñar la justicia, por impulsar la actuación justa  comenzaremos a cambiar muchas cosas.

3º desde el terreno de la filosofía y teoría del derecho se debe  revisar  el concepto de derecho subjetivo que se enseña en las Escuelas de derecho. Considera un importante sector del realismo jurídico, que mientras se siga considerando al derecho subjetivo como una simple facultad moral,  el verdadero derecho justo no llegará a las sociedades. En este sentido el derecho al trabajo no puede seguir encendiéndose como la facultad que tiene el ciudadano de dedicarse  al oficio o profesión que escoja como conveniente, sino a la posibilidad real de que pueda trabajar. En este sentido Javier Hervada considera  que hay que cambiar la concepción de derecho positivo de, facultad de actuar conforme al derecho objetivo,  a la posibilidad real de acceder a la cosa justa.

¿Como pueden contribuir las escuelas de derecho al desarrollo de la paz social?

Considerando que estamos hablando en primer término de centros educativos, la primera contribución de la escuela estará en la formación del jurista  que la sociedad necesita.  En la universidad hablamos de la formación integral y e n lo que se refiere al abogado consideramos que esta debe estar dirigida a tres aspectos que deben convertirse en los hábitos del buen abogado, intelectuales, técnicos y éticos

  • Intelectuales el estudiante y futuro abogado debe ser un profundo estudioso conocedor de la ciencia jurídica que va a ejercer que va a ejercer...

  • Técnicos  además de conocer la ciencia, el abogado debe dominar la práctica para la aplicación de los conocimientos en defensa de los interese que representa, no basta con saber mucho de derecho si no se sabe ejercerlo.

  • Éticos. El aspecto más importante del abogado es el ético; de nada vale tener mucho conocimiento si no se sabe discernir sobre lo bueno y lo malo Decía Bolívar que “el talento sin probidad es un azote” El primer juez del pleito siempre es el abogado  que analiza si el cliente tiene razones legales  y jurídicas y este análisis no puede realizarse a cabalidad sin no se tiene una sólida formación ética

Hablamos de hábitos siguiendo la línea realista donde las acciones están por encima  de las palabras
En segundo término y desde un aspecto más general  consideramos que es acertada la idea de que hoy una sociedad justa es aquella que vela por el cumplimiento de los derechos humanos. En este sentido, las escuelas de derecho deben estar comprometidas no solo con la difusión y enseñanza de los derechos humanos, sino con la vigilancia y defensa de los mismos. Deben cumplir  un papel más activo creado equipos dedicados hacer seguimiento al cumplimiento de los derecho fundamentales, estableciendo una forma de contraloría  institucional que  denuncie lo negativo, no solo para hacer que las instituciones funciones sino para evitar que la sociedad se acostumbre a las violaciones. De todo lo anterior podemos destacar tres retos de contenido general.

  • La exaltación y promoción del derecho como instrumento insustituible de una sociedad justa

  • Promover el ejercicio de la virtud de la justicia como conducta personal y profesional y cambiar el paradigma del derecho forma por el derecho real.

  • Comprometerse  en la formación del abogado que la sociedad necesita y promover acciones  reales la defensa de los derecho humanos

Estos serian, entre otros  los compromisos que deberíamos asumir desde la Escuela de Derecho para cumplir con el gran reto de colaborar con la construcción de un orden más justo y humano.

Enemigos actuales

Para bordar los compromisos  antes citados debemos estar conscientes de que en el camino nos encontraremos con muchos enemigos. No vivimos momentos fáciles, todo lo contrario y hay múltiples factores que perturban tanto a la sociedad como al individuo: En lo social, las grades desigualdades delatan una inmensa justicia social y son causa importante de la mayoría de los males.  En lo individual, el miedo, la frustración y la sensación de que la vida no tiene sentido agobian al hombre de hoy  Es decir, los traumas sociales son múltiples y para abordarlos  adecuadamente tendríamos que conformar un equipo multidisciplinario. Por eso en los escasos minutos que me quedan solo voy a destacar dos enemigos reales que atentan contra  los ideales  de instalación de una sociedad justa. La violencia y la arbitrariedad.

Decía Aristóteles que la sociedad justa se caracteriza por un equilibrio armónico que se mantiene por la observancia cabal de las leyes de la polis. Pero lo contrario al equilibrio armónico es el desorden que proviene de la violencia.  La inseguridad se traduce en el temor de que en cualquier momento se puede ser víctima de un acto violento. Pero el problema que se observa es que la violencia no está solamente en los otros  que pueden amenazarnos, sino en nosotros mismos, es decir en todos los que vivimos una especie de cultura de la violencia  que se erige como uno de los peor enemigos del derecho; en efecto: el paradigma  de hoy en nuestra sociedad no es el de el hombre justo y virtuoso, sino el “alzado que no se  cala ni acepta nada”. Más que reclamar derechos el hombre de hoy lo que pretende es imponer voluntades que es muy diferente. Vivimos en una de las sociedades donde el irrespeto por las normas es una realidad que se verifica desde diferentes niveles; desde lo más insignificante como es respetar el turno en una cola, hasta la agresión familiar, el  hurto el secuestro o el asesinato.  Por lo tanto uno de los primeros enemigos que hay que derrotar es esa cultura de la violencia que hoy embarga a todos los sectores de la sociedad. Estamos conscientes que, abordar este tema es un reto inmenso, pero lo peor es instalarnos en esa actitud de honestidad indiferente, que no se compromete con nada. La defensa de los derechos es más que un deber profesional es una actitud personal de buen ciudadano.

 El otro enemigo del derecho es la  arbitrariedad de la autoridad. Observamos con mucha preocupación, como  los funcionarios encargados de cumplir tareas jurídicas sustituyen las normas por criterios personales que desatienden la voluntad general de la ley por la voluntad particular y arbitraria que se funda solo en el poder. Nos preocupa la reiterada queja de que “no hace falta  estudiar porque a fin de cuentas lo que vale es lo que digan los fiscales o los jueces. Esta sensación de impotencia es muy peligrosa, y atenta seriamente contra la idea de un estado de  derecho real,  donde lo importante sean  las normas y no las relaciones los favores o la astucia

 Creo  sin temor a equivocarme que estos son los principales peligros de  los grandes retos de nuestra escuela  en los próximos años, la cultura de la violencia y la arbitrariedad, que se convierten en un terreno poco propicio para la siembre de los grandes ideales jurídicos.  Para enfrentar estos retos es necesario asumir un compromiso social que va mucho más allá de la visión individual y reducida del ejercicio individual de la profesión.

De todo corazón quiero agradecerles su colaboración con la construcción de esta obra y termino con otra  reflexión extraída de la lectio brevis, cuando nuestro rector nos dice, que  en nuestra universidad no debe ser tabú discutir sobre el sentido de nuestra vida.  Me decía una estudiante que quería darle más sentido a su  vida trabajando por los demás inscribiéndose en una conocida  ONG. Le respondí que me alegraba su vocación y le deseaba suerte en su propósito. Pero que pensara que, si hay una carrera que permite la realización personal luchando por los derechos de los demás es la abogacía, siempre y cuando aprendamos a ejercerla a plenitud. Veamos el ejemplo de los grandes juristas de la historia, si se hubieran conformado con aprender un oficio para ganarse la vida  no estarían presentes entre nosotros cada vez que tenemos que ponerlos como ejemplo de la lucha por la evolución del derecho y la justicia. Estimados compañeros ucabistas los retos de la escuela no son solo retos institucionales sino desafíos personales para involucrarse  una de las empresas más nobles e importantes de nuestra especie la lucha por la dignidad  del ser humano
Dice Javier Aranguren, que responder  de una manera convincente a la pregunta sobre el sentido de la vida, exige tener una tarea que nos ilusione y nos enfrente con las grandes verdades: se es hombre cuando se tiene saber teórico y capacidad práctica para responde  a  estas tres preguntas. ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué existo? ¿Qué debo hacer?  Pensemos en ello y no perdamos la oportunidad que nos ofrece la vida.