viernes, 23 de febrero de 2024

Mi última graduación

    

    Estas líneas pagan una vieja deuda, que estaba pendiente con los egresados de la sexta promoción de abogados de UCAB Guayana: me reclaman constantemente, que a pesar de haberme honrado eligiendome padrino, siempre me acuerdo de la primera promoción del año 2003 y se me olvida la de ellos, celebrada el 23 de enero del 2009. Eso no cierto, ya que las dos tienen para mí, importantes y diferentes significados

    Si bien la primera promoción tuvo un efecto especial, ya que en la universidad no se había vivido hasta ese momento esa experiencia, la sexta fue mi última promoción como Director de la Escuela de Derecho; después mi destino en la universidad y en la vida cambió.

    La sexta promoción cerró -para mí- un ciclo de 11 años que vio nacer una Escuela, formar un valioso equipo de docentes de primera línea y muchos egresados, entre los que se cuentan a quienes hoy dirigen la institución. Además, en tiempos especialmente turbulentos para el ejercicio de la abogacía, numerosos ucabistas guayaneses han sido destacados protagonistas del complejo mundo que nos ha tocado vivir.

    En las universidades, todos los actos de graduación son importantes y diferentes, porque si bien, para las autoridades pueden ser emotivas rutinas, para los egresados se convierten el día único y especial del anhelo cumplido. Eso, las convierte para los circunstantes en una fiesta inolvidable. 

 Hoy la globalización tecnología hace que esos eventos sean completamente diferentes: aquellos nostálgicos actos que llenaban el teatro del Colegio Loyola no tienen nada que ver con los que hoy se viven en tiempo real por Facebook o Instagram. Porque así es el tiempo que, mientras envejece constantemente el pasado, transforma rápidamente el presente.

    Así son, de manera breve, mis recuerdos de aquellos años y de mi última graduación, que no se borra de mi memoria. Y que se refresca con la imagen fotográfica que me envió un querido protagonista que al igual que sus compañeros de grado, transita los indescifrables caminos del destino

martes, 30 de enero de 2024

Sobre la dictadura de las redes sociales y las invenciones satánicas

Mi último artículo, dedicado al homenaje que realizó la Academia de Ciencias Políticas y Sociales a la Dra Josefina Calcaño de Temeltas, causó ruido entre algunos allegados, porque allí dije que “las mentes brillantes tienen poco espacio en la dictadura de las redes sociales”. Un apreciado amigo ucabista, Luis Marín, egresado de la Escuela de Derecho de Guayana, me hace la observación de que, según su opinión, nunca ha habido más libertad que en este momento, en que, gracias a las redes sociales,  podemos comunicarnos con cualquier persona, acceder a la información y expresar libremente nuestra opinión al mundo, usando las bondades del internet. Y que la verdadera dictadura estaba en los antiguos monopolios que se ejercían sobre los medios de comunicación.

Agradezco el comentario, porque permite el intercambio de ideas sobre un importante y polémico tema, que muchas preocupaciones trae al hombre de este tiempo.

¿Qué fue lo que dije? “Hoy, las personas realmente importantes, las mentes brillantes que fueron y son útiles a la sociedad no tienen mucho espacio en la dictadura de las redes sociales  Y si no fuera por eventos como el que aquí comento, poco  a poco quedarían relegadas al archivo del olvido”.

Voy a comenzar por algunas aclaratorias previas para evitar que se me acuse de plagiario y se cuestione mi originalidad:

 1ª Considerar al mundo del internet como dictadura, es algo que en las mismas redes sociales se pregona; puede leerse en https//www.jovenesenred.es, lo siguiente:  “Hoy en día, unas pocas plataformas controlan en gran medida la opinión pública y la información a la que tienen acceso la mayoría de los ciudadanos. Para mucha gente, si algo no aparece en Google, o no se puede encontrar en YouTube o Facebook, simplemente no existe”. 

 2ª Considerar a las redes sociales como una dictadura, es el producto de numerosos estudios de psiquiatras, psicólogos y sociólogos, que utilizan esa expresión al analizar sus efectos nocivos en el comportamiento humano. Consideran, entre muchas otras cosas, que producen una adicción incontrolable, despersonalizan a los usuarios, no les permiten ver la realidad, e impiden la formación del pensamiento crítico. Esto puede relacionarse con lo que hace varios años advertía el sacerdote José Luís Martín Descalzo, que decía, palabras mas palabras menos: no hay peor dictadura,  que la dictadura de la moda, que imponen estilos de vida sin dejar libertad de elección 

3ª El premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa, en su libro La civilización como espectáculo, sostiene que la ciencia y el conocimiento están siendo desplazados por el entretenimiento; en el mundo del internet  los artistas o los deportistas tienen más seguidores que los científicos. Y no se trata de quien es más o menos importante, sino de la degradación de la cultura social.

4ª Este debate tiene más de 20 siglos y todavía no termina. Podemos leer al escritor Javier Cercas en su libro La verdad de Agamenón,  el artículo titulado Invenciones Satánicas: “Cada vez que se produce un cambio cultural de primer orden, los intelectuales, que al fin y al cabo son los encargados de preservar la tradición, lo contemplan con reticencia, cuando no con miedo. Platón lamentaba  en el Fedro, por boca del rey Tanos, la invención de la escritura, una creación peligrosa porque implantará el olvido en las almas de los hombres, quienes dejarán de ejercer la memoria porque contarán con lo que está escrito” Continúa el artículo destacando que dieciocho años más tarde pasó lo mismo con Gutenberg por la invención de la imprenta, cinco siglos después con la invención del televisor, y así sucesivamente. Hoy, este debate se produce contra todo el progreso que ofrecen el internet, las redes sociales, la inteligencia artificial etc. Todo, en el marco del enfrentamiento entre el humanismo y el transhumanismo.

Planteado  lo anterior, aclaro que, nunca he satanizado el progreso tecnológico ni las redes sociales, de las que me he beneficiado bastante. Desde el año 2010, aproximadamente, utilizo Twitter y Facebook para expresar mis opiniones y comunicarme con los numerosos alumnos que semestre a semestre han acudido a mis clases. Además,  tengo tres blogs y varios grupos WhatsApp. Pero igualmente, he comprobado los peligros del acceso ilimitado a la información sin formación ni criterios para valorarla y protegerse de los peligros que pueden convertir al usuario en un verdadero monstruo.

La famosa escritora española Rosa Montero, el  19 de junio de 2022, en su columna de El País Semanal, escribe un artículo titulado Influencers,  donde cuenta lo que le ocurrió en la Feria del libro de Madrid: Un día de firma en la feria, ya muy pasada la hora de irme, cortaron mi cola como es habitual e inevitable. Se acercó a mi caseta una chica  muy joven de carita dulce y, casi llorando, dijo que la habían rechazado con muy malos modos. A la librera y a mi nos enterneció y le dimos su ejemplar firmado. Luego me enteré de que antes había montado un escándalo: se puso a gritar que cómo se atrevían a no dejarla pasar, que ella era una influencer que tenia 21.000 seguidores (…) y tras llamar “vieja loca a mi editora, alzó el móvil y amenazó con colgar una critica demoledora de mi libro. ¡Ahora mismo la escribo! Hicieron caso omiso de su chantaje y entonces vino a manipularnos a la caseta (…) En su peor versión en la frívola y retumbante nada de su vacío, estas redes pueden fomentar la maldad de la gente, enseñar a abusar y convertirte en un pequeño monstruo 

En conclusión, las redes sociales, como toda herramienta pueden ser utilizadas para el bien o el mal; nos traen muchas cosas buenas, pero también son el instrumento de la banalidad o la perversidad. No se debe sacar mi crítica fuera del contexto del artículo: lo que dije, es que, en esa dictadura de las redes, las mentes brillantes, las que son útiles a la sociedad tienen poco espacio, cosa que es fácilmente comprobable.

Y lo dejo hasta aquí, para continuar en otro artículo sobre tema del pensamiento propio y la inteligencia artificial. 

sábado, 20 de enero de 2024

Sobre Josefina Calcaño de Temeltas y la UCAB Guayana


El pasado jueves 18 de este primer mes del año, la Academia de Ciencias Políticas y Sociales (ACIENPOL), homenajeó, en evento especial a la ilustre jurista venezolana Josefina Calcaño de Temeltas, que falleció el 11 de enero del año pasado. Asistir a los actos que se celebran en el Palacio de las Academias es algo especial, casi una experiencia espiritual que se siente al entrar a uno de los recintos que, desde el siglo XVI, ha sido escenario de innumerables acontecimientos de la historia patria,  convirtiéndose  ahora en una especie de trinchera, donde  la sabiduría se defiende de un mundo en que predomina la banalidad y la superficialidad.

    En el acto, distinguidos miembros de la Academia y otros juristas allegados a la Doctora Josefina Calcaño, destacaron la personalidad y la obra de la homenajeada,  anunciando además la publicación de un boletín especial y la compilación, en dos tomos, de numerosos trabajos de investigación jurídica en su honor. Personalmente, mi contacto con la Doctora Calcaño se produjo con motivo de la creación y consolidación de la Escuela de Derecho de Ucab Guayana.

En aquel tiempo, coincidimos en las reuniones del Consejo de Facultad de Derecho, donde se decidía todo lo referente a la nueva Escuela: nombramiento de profesores, programas, horarios, procedimientos disciplinarios y todo lo relacionado con la vida universitaria. Allí, la jurista destacaba con la observación aguda y el consejo prudente sin arrogancia; inclusive, consciente de las limitaciones que en aquel momento se vivían al sur del Orinoco para acceder al conocimiento jurídico, donó parte de su biblioteca a la Escuela de Guayana.

En mis recuerdos, siempre conservo la opinión que como jurado expresó sobre polémico trabajo de ascenso del profesor Julio Avalos, intitulado El Derecho y la Cultura del Pueblo Warao,  producto de varios meses de convivencia del profesor con los indígenas en el delta del Orinoco; palabras más, palabras menos decía: Es una investigación excelente porque nos enseña muchas cosas que desconocemos de la vida de los indígenas; un mundo distinto que no se puede juzgar desde afuera, con los valores de nuestro mundo” Gracias a su opinión el trabajo fue  aprobado.

Hoy, las personas realmente importantes, las mentes brillantes que fueron y son útiles a la sociedad no tienen mucho espacio en la dictadura de las redes sociales.  Y si no fuera por eventos como el que aquí comento, poco  a poco quedarían relegadas al archivo del olvido. 

En fin, que estas modestas y breves palabras, sirva para recordar y agradecer el aporte de Josefina Calcaño de Temeltas, a la construcción del “Ucabismo Guayanés”. 
 







 

  

martes, 22 de agosto de 2023

La historia de un cuadro y su significado

En el mes de agosto de 1990, fui designado por el extinto Consejo de la Judicatura como juez para ocupar el cargo del recién creado Juzgado Segundo Civil y Mercantil del Segundo Circuito Judicial del estado Bolívar en Ciudad Guayana. Para darle solemnidad al despacho, encargué  a José Herrera, pintor de la ciudad de San Félix, un cuadro del Libertador vestido de civil; imagen que siempre me ha llamado la atención, porque la relaciono  con las palabras de Bolívar a los asistentes al Congreso de Angostura el 15 de febrero de 1819: “… si merezco vuestra aprobación, habré alcanzado el sublime titulo de buen ciudadano, preferible para mí al de Libertador que me dio Venezuela, al de pacificador que me dio Cundinamarca y a los que el mundo entero me pueda dar”. 

La mencionada pintura, estuvo en la pared del despacho judicial los diez años que estuve a cargo del tribunal, siendo objeto de diferentes comentarios en interpretaciones por los justiciables que lo frecuentaban.  Cuando renuncié al cargo para fundar la Escuela de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello en el año 2000, me la llevé para colocarla en la recién inaugurada Sala de usos Múltiples, que era el escenario de los foros y eventos de la recién creada institución educativa. Posteriormente, por exigencias de la  decoración contemporánea, fue retirada del lugar y colocada en la sala de profesores de la Escuela de Derecho. Por último, se colgó en las paredes de las oficinas de posgrado, mientras ocupé allí el cargo de director,  hasta que en definitiva y para su conservación, la llevé a resguardo familiar. En conclusión, el cuadro tiene una interesante historia, porque ha estado en la fundación de un tribunal, la fundación de una universidad y muchas cosas más que en otro momento se pueden contar.

Pero hay algo más importante ¿Por qué una imagen de  Bolívar vestido de civil, con paisajes Guayaneses de fondo? La presencia del Libertador en Guayana y específicamente la intención de fundar una República en circunstancias adversas, es una de las facetas poco destacadas de su personalidad, que bien describe el historiador Pedro Grases en el libro Escritos Selectos, publicado por Monte Ávila: “Si pensamos en la acción bolivariana realizada en la concreción de un sueño visionario, llegaremos a la conclusión de que es perfecta la equivalencia Don Quijote – Bolívar. Podía aducirse multitud de referencias para probar este aserto, particularmente en las circunstancias adversas que solo pudo superar por la fuerza de su propósito. “Hombre de las dificultades”, se llamó a si mismo, pero lo magnifico y aleccionador es que surgía fortalecido como hombre, igual que Alonso Quijano, al vencer los obstáculos a base de su genial convencimiento. Siempre me ha parecido como índice de este quijotismo lo que le acontece a Bolívar en 1819, cuando tenia 36 años y se hallaba a la cabeza de un estado inexistente, ilusorio, a orillas del Orinoco, con el único apoyo de las soledades que rodeaban a la ciudad de Angostura (hoy Ciudad Bolívar). Sin dominio Territorial, pues casi la totalidad de Venezuela estaba en posesión de las armas españolas a mando del General  Pablo Morillo, convoca Bolívar a un Congreso para fundar la Republica”.

Del cuadro se puede tener diferentes opiniones e interpretar muchas cosas, yo personalmente lo veo como el valor del derecho ante la fuerza y la capacidad de la voluntad humana para superar las adversidades. Por eso, recuperándolo del depósito del olvido, mis sobrinos lo colocaron en la biblioteca familiar, donde está como referencia orientadora para tiempos especialmente difíciles. 

 


 


martes, 1 de agosto de 2023

Cruzando la calle, y la vida

La mítica portada del álbum de los Beatles Abbey Road, es una de las imágenes que me han servido para  enseñar de manera práctica a los  alumnos que  se inician en el estudio de la abogacía, lo que significa la experiencia inmediata del  derecho y el sentimiento jurídico popular. Si la vemos detenidamente, nos damos cuenta de que ni los Beatles con su irreverencia, se libran del efecto regulador de las normas obligatorias que dicta el Estado.

En la famosa imagen se observa como los personajes, que pueden perfectamente formar parte de la contracultura juvenil de los años 60, van vestidos cada uno a su manera: unos de traje, otros de blue jeans; unos calzados, otros descalzos etc. Pero todos cruzan de manera ordenada por donde dice la ley que se debe cruzar la calle: por el rayado o paso de cebra como quiera llamársele.

Hasta podría concluirse que, sin proponérselo, los cuatro de Liverpool envían un mensaje: privadamente, cada uno puede vivir a su manera, pero socialmente hay que vivir de acuerdo con las reglas comunes dictadas por los ingenieros del comportamiento  social, mejor conocidos como legisladores. Y esa fue la conclusión a la que llegaron algunos estudiantes que analizaron la portada de Abbey Road.

Debo añadir algo que guarda relación con lo anterior: la mayoría de los que cruzan la calle como  los Beatles, no lo hacen porque sean especialistas en leyes; seguramente ni siquiera conocen las normas. Lo hacen porque están convencidos de que eso es lo correcto. Afirmaba Kant en su Metafísica de las Costumbres que, para tener conocimiento del bien  o del mal, de lo justo o de lo injusto, no es necesario ser filósofo o teórico del derecho o la moral. “El hombre común es capaz de discernir espontáneamente entre lo que está bien o esta mal, lo justo o lo injusto”. Es lo que se conoce como el sentimiento popular de lo jurídico, que es diferente a la teoría o filosofía del derecho que se estudia principalmente en las academias. Lo que pasa es que el científico del derecho puede explicar mejor la diferencia entre la manera de ver las cosas del ciudadano de a pie, el legislador o el juez 

En fin, en tiempos en que se reclama intensamente  “el derecho del individuo a hacer con su vida lo que le  la gana”, la imagen comentada puede servir para entender la regla de oro:  individualmente cada uno puede vivir a su modo, pero al encontrarse con “los otros”, hay que respetar las normas del comportamiento social; así es la vida. Kelsen, criticado y muchas veces incomprendido, decía que, para él, “la justicia no era otra cosa que la adecuación del comportamiento humano a las normas del orden social establecido”. Muy positivista, pero muy claro en sus ideas, porque lo peor que le puede pasar a quien quiere ser jurista, es no tener ideas claras ni pensamiento propio, y navegar a la deriva dejándose llevar por las opiniones  ajenas. 



miércoles, 26 de julio de 2023

El amor por el Derecho

En días pasados, la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello, realizó un acto  de indiscutible exaltación de la abogacía, al reinaugurar la Sala de juicio Román Duque Corredor. Allí tuve la oportunidad de encontrarme y compartir, tanto con el homenajeado, como con el ex Decano de la Facultad Salvador Yannuzzi: dos ilustres juristas que con su quehacer profesional enaltecen el oficio, siendo referencia obligada para  estudiantes y  abogados de ayer y hoy.

Salvador fue uno de mis profesores en los últimos años del pregrado a inicio de la década de los 80. Posteriormente, me tocó tomar su lugar, dictando clases de Teoría General de la Prueba, en los postgrados extramuros que dictaba la UCAB en el interior del país. Por su calidad profesional, fue nombrado Decano de la Facultad de Derecho durante un lustro. El 5 de febrero de 2019 la Academia de Ciencias Políticas y Sociales  lo incorpora como individuo de número para ocupar el sillón número 31 y recientemente el pasado 21 de marzo de 2023 se juramentó  como miembro de la Junta Directiva para el periodo 2023-2024

Y qué decir de Román Duque Corredor: destacado abogado, juez y docente universitario. Autor de una extensa obra jurídica de profundo rigor científico, en derecho constitucional, administrativo, procesal y agrario, además de numerosos artículos y ensayos que abordan diferentes áreas del saber humano. Fue mi profesor de postgrado en el año 1992, y sus acertados comentarios sobre el Código de Procedimiento Civil de 1986 facilitaron la interpretación y aplicación del mencionado instrumento a muchos jueces y abogados. Hoy varios años después, es promotor del constitucionalismo transformador  de Karl E. klare, “un proyecto de largo plazo que busca la transformación de las instituciones políticas y sociales, en una dirección  democrática, participativa e igualitaria”

Conversar con estos personajes es comprender lo que significa el amor por el derecho que, como decía John Rawls, no es perfecto, pero es lo mejor que se ha inventado para ordenar pacíficamente la vida de los hombres. Cosa que lamentablemente no comprende ni la ciudadanía en general, ni muchos profesionales de la abogacía.

En efecto, lamentablemente, para el hombre de hoy la importancia del derecho en su vida no está debidamente valorada, porque le preocupa más que le quiten sus bienes a que le quiten sus derechos. Del mismo modo, hay abogados que no han entendido que por encima de las pretensiones personales y circunstanciales, siempre  debe estar la defensa del derecho, porque sin él no hay sociedad humana. Como decía Luis Muñoz Sabaté palabras más palabras menos, "Si el derecho desaparece, la sociedad entera desaparecería, como desaparecerían los astros sin las leyes físicas que los sostienen"

El gran reto de las escuelas de Derecho, tribunales, y colegios de abogados, es rescatar el amor por el Derecho. Cosa difícil en tiempos en que reina la banalidad de la imagen, donde hay más selfies y stickers que ideas. Pero se puede lograr, sabiendo transmitir la esencia de los valores jurídicos. Colocando como ejemplo de lo que debe ser un abogado, a  ilustres personajes que a través de la historia se han convertido en referencia indiscutible de la búsqueda de la justicia




 


miércoles, 5 de julio de 2023

Juicio a Manuel Piar visto por Rafael Marrón

El distinguido historiador guayanés Rafael Marrón me ha honrado con la tarea de dedicarle unos comentarios a su libro Piar, el juicio, uno de los trabajos de investigación histórica más importantes sobre el polémico héroe de la batalla de San Félix. Sin duda, se puede afirmar que Manuel Piar es la figura más polémica de la historia de la independencia de Venezuela; polémica que nace de la sentencia que le condena a muerte  en Angostura el 16 de octubre de 1817 ¿juicio justo o teatro para eliminar a un adversario político? Esa es la interrogante que ha quedado marcada, principalmente en el piarismo que quiere rescatar la malograda figura del prócer, culpando a Bolívar del trágico final de su gloriosa vida. El caso Piar -como lo llamaría un abogado- es tan complejo, que llega convertirse en leyenda como lo expresa la poetisa guayanesa Mimina Rodríguez Lezama en su obra Héroes y espantapájaros

 Puedo afirmar que entre la frondosidad bibliográfica que crece en torno al recuerdo de Piar, el trabajo de Rafael Marrón es uno de los menos riesgosos para no perderse buscando la verdad. El autor respeta el derecho del lector a formarse criterio por si mismo, ya que no anticipa ni pretende imponer su opinión, sino que va reproduciendo íntegramente el contenido de su investigación, principalmente sobre el juicio. No es una obra de ficción como Piar Caudillo de dos colores de Francisco Herrera Luque, donde el autor desde el primer capítulo titulado El ajusticiado de Angostura  deja clara su opinión sobre los hechos: “ lo que se debatía en el Consejo se filtró a la calle. La gente no ocultaba su indignación a pesar de los sicarios de Bolívar...” Rafael Marrón se reserva su sentir para el final, después de hacer un enjundioso estudio de la documentación más importante que  tiene a su alcance la curiosidad histórica 

¿Qué advertirá  un abogado de hoy sobre el juicio a Piar? Comenzaría con el primer error que se comete al querer valorarlo con la ética procesal contemporánea. En efecto, ahora se exige que los jueces garanticen en sus actuaciones los principios de independencia, imparcialidad, motivación y moderación; principios que son una aspiración que no han alcanzado plenamente las sociedades de hogaño. El ilustre jurista español Manuel Atienza  considera que, es muy difícil conseguir tribunales que sean absolutamente independientes, a pesar del esfuerzo que realizan organismos internacionales para lograrlo. Por  lo tanto, pensar que el Consejo de Guerra que juzgó a Piar tenía que ser  independiente tal y como se entiende hoy ese principio es un desacierto histórico.

En relación con la imparcialidad, hay que destacar que se quiso decidir con las pruebas presentadas, cotejando los alegatos de la defensa y la acusación y no por la voluntad arbitraria de los juzgadores. Por lo menos eso parece de las actas procesales que se transcriben  en la obra que comento. Que hay errores, es cierto, pero eso lo puede saber un procesalista contemporáneo que ha estudiado la esencia de la valoración racional de las pruebas y la lógica de la decisión judicial, no aquellos hombres formados más en el arte de la guerra que en el del derecho.

Es posible que la parte más oscura del juicio sea la condena, que parece desproporcionada de acuerdo con los delitos imputados a tan ilustre reo. Aquí es donde queda la mayor duda; ¿había motivos para condenar?: si; pero fusilarlo luce como una exageración. Aunque aparece nuevamente el argumento anterior: los circunstantes eran guerreros, no humanistas que cultivaban, junto al sentido de lo justo, la tolerancia, la prudencia y la moderación; valores que deben tener los jueces de hoy, y no tenían los de ayer, y menos en aquellos tiempos de crueldad bélica.

Releer nuevamente a Manuel Piar, El juicio conduce a la tentación de querer ir más allá de  lo que debe ser un comentario o presentación inicial y entrar al análisis detallado de tan apasionante tema. No voy a hacerlo, para no desconcertar al lector en el camino que traza el autor  hacia los misterios que siempre están presentes en este drama histórico  ¿Quién era realmente Piar? ¿Por qué, sus compatriotas lo condenan a muerte? ¿Qué hizo, y que representaba verdaderamente para merecer tan severo castigo?  

Invito a saborear estas páginas, porque la pluma de Rafael Marrón nos traslada con lujo de detalles a la enigmática Guayana de 1917 para seguir los pasos de Manuel Piar, desde la gloria hasta ser “crucificado en la cruz del espantapájaros para que los niños, las palomas o los colibríes le teman” como reza el canto de la poetisa.