Con mucho cariño para todos los ucabistas de Guayana,
en especial para Alfredo, Costanza, Rafael, Iñaki…
«La vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero debe ser vivida mirando hacia adelante».
Esta conocida premisa del filósofo danés Søren Kierkegaard resume a la perfección lo que hoy siento: los grandes momentos de la vida solo se valoran en su justa dimensión cuando volvemos la mirada al pasado. Eso me ocurre hoy, 18 de octubre de 2026, exactamente 23 años después del día en que la Universidad Católica Andrés Bello, Extensión Guayana, celebró su primera promoción.
El acto fue el broche de oro para cinco años de intensa creación en medio de tiempos turbulentos en la vida nacional. Personalmente, ese primer quinquenio —que hoy recuerdo y disfruto como uno de los mejores períodos de mi vida— mientras lo vivía estuvo lleno de una profunda preocupacion.
Desde el primer día en que nos reunimos para planificar lo que más tarde se convertiría en una de las obras más importantes erigidas este siglo en Ciudad Guayana, todo fue una constante desvelada. Era la preocupación natural e inherente a quienes asumen el compromiso de fundar una institución educativa con la excelencia y calidad académica que el nombre de la UCAB exige.
En la edificación de la universidad y durante esos años de gestación y consolidación, hubo muchos protagonistas a quienes la institución les debe infinitamente. Es difícil nombrarlos a todos en estas breves líneas, pero hacia ellos va mi más sincero reconocimiento: desde los estudiantes y profesores, hasta las autoridades y el personal administrativo y de servicio que acompañaron cada paso del proyecto.
Confieso con absoluta sinceridad que para mí fueron días turbulentos. Desde la selección y nombramiento del cuerpo docente, el proceso de admisión de los alumnos y el seguimiento de las clases cotidianas, hasta la organización de eventos y la edificación gradual de la vida universitaria y lo especial, la construccion del campus; todo se tradujo en una paradoja constante entre el gozo de construir y la angustia de cumplir.
Hoy la fecha casi se me escapa de la memoria, pero fueron las palabras y publicaciones que dedicaron varios de aquellos egresados las que devolvieron este hito a mi corazón. Resultaba casi increíble. Quizás para las altas autoridades de la UCAB que se trasladaron desde Caracas con la solemnidad propia del evento, una graduación formaba parte de la rutina institucional a la que estaban acostumbrados. Sin embargo, para quienes empezamos en 1998, cuando no había absolutamente nada —salvo los decretos de creación en la mano y un manojo de esperanzas en el alma—, aquel 18 de octubre de 2003 fue, y seguirá siendo, un momento único, irrepetible e inolvidable.

Gracias José Carlos por permitirnos revivir esos momentos con tanta intensidad. Indudablemente fue un quinquenio lleno de esperanzas que se materializaban día a día con el empeño de todos aquellos que decidieron abrazar ese sueño que llamamos Ucab Guayana.
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