El pasado jueves 18 de este primer mes del año, la Academia de Ciencias Políticas y Sociales (ACIENPOL), homenajeó, en evento especial a la ilustre jurista venezolana Josefina Calcaño de Temeltas, que falleció el 11 de enero del año pasado. Asistir a los actos que se celebran en el Palacio de las Academias es algo especial, casi una experiencia espiritual que se siente al entrar a uno de los recintos que, desde el siglo XVI, ha sido escenario de innumerables acontecimientos de la historia patria, convirtiéndose ahora en una especie de trinchera, donde la sabiduría se defiende de un mundo en que predomina la banalidad y la superficialidad.
Espacio creado para destacar los valores del ejercicio del Derecho y analizar la evolución de su enseñanza para enfrentar los retos que impone la sociedad contemporánea.
sábado, 20 de enero de 2024
Sobre Josefina Calcaño de Temeltas y la UCAB Guayana
El pasado jueves 18 de este primer mes del año, la Academia de Ciencias Políticas y Sociales (ACIENPOL), homenajeó, en evento especial a la ilustre jurista venezolana Josefina Calcaño de Temeltas, que falleció el 11 de enero del año pasado. Asistir a los actos que se celebran en el Palacio de las Academias es algo especial, casi una experiencia espiritual que se siente al entrar a uno de los recintos que, desde el siglo XVI, ha sido escenario de innumerables acontecimientos de la historia patria, convirtiéndose ahora en una especie de trinchera, donde la sabiduría se defiende de un mundo en que predomina la banalidad y la superficialidad.
martes, 22 de agosto de 2023
La historia de un cuadro y su significado
En el mes de agosto de 1990, fui designado por el extinto Consejo de la Judicatura como juez para ocupar el cargo del recién creado Juzgado Segundo Civil y Mercantil del Segundo Circuito Judicial del estado Bolívar en Ciudad Guayana. Para darle solemnidad al despacho, encargué a José Herrera, pintor de la ciudad de San Félix, un cuadro del Libertador vestido de civil; imagen que siempre me ha llamado la atención, porque la relaciono con las palabras de Bolívar a los asistentes al Congreso de Angostura el 15 de febrero de 1819: “… si merezco vuestra aprobación, habré alcanzado el sublime titulo de buen ciudadano, preferible para mí al de Libertador que me dio Venezuela, al de pacificador que me dio Cundinamarca y a los que el mundo entero me pueda dar”.
La mencionada pintura, estuvo en la pared del despacho judicial los diez años que estuve a cargo del tribunal, siendo objeto de diferentes comentarios en interpretaciones por los justiciables que lo frecuentaban. Cuando renuncié al cargo para fundar la Escuela de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello en el año 2000, me la llevé para colocarla en la recién inaugurada Sala de usos Múltiples, que era el escenario de los foros y eventos de la recién creada institución educativa. Posteriormente, por exigencias de la decoración contemporánea, fue retirada del lugar y colocada en la sala de profesores de la Escuela de Derecho. Por último, se colgó en las paredes de las oficinas de posgrado, mientras ocupé allí el cargo de director, hasta que en definitiva y para su conservación, la llevé a resguardo familiar. En conclusión, el cuadro tiene una interesante historia, porque ha estado en la fundación de un tribunal, la fundación de una universidad y muchas cosas más que en otro momento se pueden contar.
Pero hay algo más importante ¿Por qué una imagen de Bolívar vestido de civil, con paisajes Guayaneses de fondo? La presencia del Libertador en Guayana y específicamente la intención de fundar una República en circunstancias adversas, es una de las facetas poco destacadas de su personalidad, que bien describe el historiador Pedro Grases en el libro Escritos Selectos, publicado por Monte Ávila: “Si pensamos en la acción bolivariana realizada en la concreción de un sueño visionario, llegaremos a la conclusión de que es perfecta la equivalencia Don Quijote – Bolívar. Podía aducirse multitud de referencias para probar este aserto, particularmente en las circunstancias adversas que solo pudo superar por la fuerza de su propósito. “Hombre de las dificultades”, se llamó a si mismo, pero lo magnifico y aleccionador es que surgía fortalecido como hombre, igual que Alonso Quijano, al vencer los obstáculos a base de su genial convencimiento. Siempre me ha parecido como índice de este quijotismo lo que le acontece a Bolívar en 1819, cuando tenia 36 años y se hallaba a la cabeza de un estado inexistente, ilusorio, a orillas del Orinoco, con el único apoyo de las soledades que rodeaban a la ciudad de Angostura (hoy Ciudad Bolívar). Sin dominio Territorial, pues casi la totalidad de Venezuela estaba en posesión de las armas españolas a mando del General Pablo Morillo, convoca Bolívar a un Congreso para fundar la Republica”.
Del cuadro se puede tener diferentes opiniones e interpretar muchas cosas, yo personalmente lo veo como el valor del derecho ante la fuerza y la capacidad de la voluntad humana para superar las adversidades. Por eso, recuperándolo del depósito del olvido, mis sobrinos lo colocaron en la biblioteca familiar, donde está como referencia orientadora para tiempos especialmente difíciles.
martes, 1 de agosto de 2023
Cruzando la calle, y la vida
En la famosa imagen se observa como los personajes, que pueden perfectamente formar parte de la contracultura juvenil de los años 60, van vestidos cada uno a su manera: unos de traje, otros de blue jeans; unos calzados, otros descalzos etc. Pero todos cruzan de manera ordenada por donde dice la ley que se debe cruzar la calle: por el rayado o paso de cebra como quiera llamársele.
Hasta podría concluirse que, sin proponérselo, los cuatro de Liverpool envían un mensaje: privadamente, cada uno puede vivir a su manera, pero socialmente hay que vivir de acuerdo con las reglas comunes dictadas por los ingenieros del comportamiento social, mejor conocidos como legisladores. Y esa fue la conclusión a la que llegaron algunos estudiantes que analizaron la portada de Abbey Road.
Debo añadir algo que guarda relación con lo anterior: la mayoría de los que cruzan la calle como los Beatles, no lo hacen porque sean especialistas en leyes; seguramente ni siquiera conocen las normas. Lo hacen porque están convencidos de que eso es lo correcto. Afirmaba Kant en su Metafísica de las Costumbres que, para tener conocimiento del bien o del mal, de lo justo o de lo injusto, no es necesario ser filósofo o teórico del derecho o la moral. “El hombre común es capaz de discernir espontáneamente entre lo que está bien o esta mal, lo justo o lo injusto”. Es lo que se conoce como el sentimiento popular de lo jurídico, que es diferente a la teoría o filosofía del derecho que se estudia principalmente en las academias. Lo que pasa es que el científico del derecho puede explicar mejor la diferencia entre la manera de ver las cosas del ciudadano de a pie, el legislador o el juez
En fin, en tiempos en que se reclama intensamente “el derecho del individuo a hacer con su vida lo que le la gana”, la imagen comentada puede servir para entender la regla de oro: individualmente cada uno puede vivir a su modo, pero al encontrarse con “los otros”, hay que respetar las normas del comportamiento social; así es la vida. Kelsen, criticado y muchas veces incomprendido, decía que, para él, “la justicia no era otra cosa que la adecuación del comportamiento humano a las normas del orden social establecido”. Muy positivista, pero muy claro en sus ideas, porque lo peor que le puede pasar a quien quiere ser jurista, es no tener ideas claras ni pensamiento propio, y navegar a la deriva dejándose llevar por las opiniones ajenas.
miércoles, 26 de julio de 2023
El amor por el Derecho
En días pasados, la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello, realizó un acto de indiscutible exaltación de la abogacía, al reinaugurar la Sala de juicio Román Duque Corredor. Allí tuve la oportunidad de encontrarme y compartir, tanto con el homenajeado, como con el ex Decano de la Facultad Salvador Yannuzzi: dos ilustres juristas que con su quehacer profesional enaltecen el oficio, siendo referencia obligada para estudiantes y abogados de ayer y hoy.
Salvador fue uno de mis profesores en los últimos años del pregrado a inicio de la década de los 80. Posteriormente, me tocó tomar su lugar, dictando clases de Teoría General de la Prueba, en los postgrados extramuros que dictaba la UCAB en el interior del país. Por su calidad profesional, fue nombrado Decano de la Facultad de Derecho durante un lustro. El 5 de febrero de 2019 la Academia de Ciencias Políticas y Sociales lo incorpora como individuo de número para ocupar el sillón número 31 y recientemente el pasado 21 de marzo de 2023 se juramentó como miembro de la Junta Directiva para el periodo 2023-2024
Y qué decir de Román Duque Corredor: destacado abogado, juez y docente universitario. Autor de una extensa obra jurídica de profundo rigor científico, en derecho constitucional, administrativo, procesal y agrario, además de numerosos artículos y ensayos que abordan diferentes áreas del saber humano. Fue mi profesor de postgrado en el año 1992, y sus acertados comentarios sobre el Código de Procedimiento Civil de 1986 facilitaron la interpretación y aplicación del mencionado instrumento a muchos jueces y abogados. Hoy varios años después, es promotor del constitucionalismo transformador de Karl E. klare, “un proyecto de largo plazo que busca la transformación de las instituciones políticas y sociales, en una dirección democrática, participativa e igualitaria”
Conversar con estos personajes es comprender lo que significa el amor por el derecho que, como decía John Rawls, no es perfecto, pero es lo mejor que se ha inventado para ordenar pacíficamente la vida de los hombres. Cosa que lamentablemente no comprende ni la ciudadanía en general, ni muchos profesionales de la abogacía.
En efecto, lamentablemente, para el hombre de hoy la importancia del derecho en su vida no está debidamente valorada, porque le preocupa más que le quiten sus bienes a que le quiten sus derechos. Del mismo modo, hay abogados que no han entendido que por encima de las pretensiones personales y circunstanciales, siempre debe estar la defensa del derecho, porque sin él no hay sociedad humana. Como decía Luis Muñoz Sabaté palabras más palabras menos, "Si el derecho desaparece, la sociedad entera desaparecería, como desaparecerían los astros sin las leyes físicas que los sostienen"
El gran reto de las escuelas de Derecho, tribunales, y colegios de abogados, es rescatar el amor por el Derecho. Cosa difícil en tiempos en que reina la banalidad de la imagen, donde hay más selfies y stickers que ideas. Pero se puede lograr, sabiendo transmitir la esencia de los valores jurídicos. Colocando como ejemplo de lo que debe ser un abogado, a ilustres personajes que a través de la historia se han convertido en referencia indiscutible de la búsqueda de la justicia
miércoles, 5 de julio de 2023
Juicio a Manuel Piar visto por Rafael Marrón
El distinguido historiador guayanés Rafael Marrón me ha honrado con la tarea de dedicarle unos comentarios a su libro Piar, el juicio, uno de los trabajos de investigación histórica más importantes sobre el polémico héroe de la batalla de San Félix. Sin duda, se puede afirmar que Manuel Piar es la figura más polémica de la historia de la independencia de Venezuela; polémica que nace de la sentencia que le condena a muerte en Angostura el 16 de octubre de 1817 ¿juicio justo o teatro para eliminar a un adversario político? Esa es la interrogante que ha quedado marcada, principalmente en el piarismo que quiere rescatar la malograda figura del prócer, culpando a Bolívar del trágico final de su gloriosa vida. El caso Piar -como lo llamaría un abogado- es tan complejo, que llega convertirse en leyenda como lo expresa la poetisa guayanesa Mimina Rodríguez Lezama en su obra Héroes y espantapájaros
Puedo afirmar que entre la frondosidad bibliográfica que crece en torno al recuerdo de Piar, el trabajo de Rafael Marrón es uno de los menos riesgosos para no perderse buscando la verdad. El autor respeta el derecho del lector a formarse criterio por si mismo, ya que no anticipa ni pretende imponer su opinión, sino que va reproduciendo íntegramente el contenido de su investigación, principalmente sobre el juicio. No es una obra de ficción como Piar Caudillo de dos colores de Francisco Herrera Luque, donde el autor desde el primer capítulo titulado El ajusticiado de Angostura deja clara su opinión sobre los hechos: “ lo que se debatía en el Consejo se filtró a la calle. La gente no ocultaba su indignación a pesar de los sicarios de Bolívar...” Rafael Marrón se reserva su sentir para el final, después de hacer un enjundioso estudio de la documentación más importante que tiene a su alcance la curiosidad histórica
¿Qué advertirá un abogado de hoy sobre el juicio a Piar? Comenzaría con el primer error que se comete al querer valorarlo con la ética procesal contemporánea. En efecto, ahora se exige que los jueces garanticen en sus actuaciones los principios de independencia, imparcialidad, motivación y moderación; principios que son una aspiración que no han alcanzado plenamente las sociedades de hogaño. El ilustre jurista español Manuel Atienza considera que, es muy difícil conseguir tribunales que sean absolutamente independientes, a pesar del esfuerzo que realizan organismos internacionales para lograrlo. Por lo tanto, pensar que el Consejo de Guerra que juzgó a Piar tenía que ser independiente tal y como se entiende hoy ese principio es un desacierto histórico.
En relación con la imparcialidad, hay que destacar que se quiso decidir con las pruebas presentadas, cotejando los alegatos de la defensa y la acusación y no por la voluntad arbitraria de los juzgadores. Por lo menos eso parece de las actas procesales que se transcriben en la obra que comento. Que hay errores, es cierto, pero eso lo puede saber un procesalista contemporáneo que ha estudiado la esencia de la valoración racional de las pruebas y la lógica de la decisión judicial, no aquellos hombres formados más en el arte de la guerra que en el del derecho.
Es posible que la parte más oscura del juicio sea la condena, que parece desproporcionada de acuerdo con los delitos imputados a tan ilustre reo. Aquí es donde queda la mayor duda; ¿había motivos para condenar?: si; pero fusilarlo luce como una exageración. Aunque aparece nuevamente el argumento anterior: los circunstantes eran guerreros, no humanistas que cultivaban, junto al sentido de lo justo, la tolerancia, la prudencia y la moderación; valores que deben tener los jueces de hoy, y no tenían los de ayer, y menos en aquellos tiempos de crueldad bélica.
Releer nuevamente a Manuel Piar, El juicio conduce a la tentación de querer ir más allá de lo que debe ser un comentario o presentación inicial y entrar al análisis detallado de tan apasionante tema. No voy a hacerlo, para no desconcertar al lector en el camino que traza el autor hacia los misterios que siempre están presentes en este drama histórico ¿Quién era realmente Piar? ¿Por qué, sus compatriotas lo condenan a muerte? ¿Qué hizo, y que representaba verdaderamente para merecer tan severo castigo?
Invito a saborear estas páginas, porque la pluma de Rafael Marrón nos traslada con lujo de detalles a la enigmática Guayana de 1917 para seguir los pasos de Manuel Piar, desde la gloria hasta ser “crucificado en la cruz del espantapájaros para que los niños, las palomas o los colibríes le teman” como reza el canto de la poetisa.
viernes, 23 de junio de 2023
Atticus Finch, el abogado ideal y la Inteligencia Artificial
Para saber porqué un abogado puede ser admirado, no solo por sus colegas, sino por el público de la gran pantalla, en tiempos de inteligencia artificial, le pregunté a la popularisima ChatGPT ¿Quien es Atticus Finch?, recibiendo inmediatamente la siguiente respuesta:
“Atticus Finch es un personaje literario creado por el autor estadounidense Harper Lee en su novela "To Kill a Mockingbird" (Matar a un ruiseñor). Es un abogado y padre soltero que vive en la ficticia ciudad sureña de Maycomb, Alabama, durante la Gran Depresión de los años 30.
La semblanza de Atticus Finch es la de un hombre íntegro, justo y valiente. Es un hombre educado y respetado en su comunidad, que se dedica a inculcar valores morales a sus hijos y a luchar por la igualdad y la justicia en un ambiente racista y prejuicioso.
Entre las virtudes de Atticus Finch se destacan:
1. Su integridad: Atticus es un hombre honesto y recto que siempre se guía por sus principios y valores.
2. Su valentía: A pesar de las amenazas y el rechazo de su comunidad, Atticus se enfrenta a la tarea de defender a un hombre negro acusado falsamente de violación.
3. Su empatía: Atticus es un hombre compasivo y empático que trata de entender a las personas desde su perspectiva y de ponerse en su lugar.
4. Su sabiduría: Atticus es un hombre sabio que sabe cómo guiar y aconsejar a sus hijos y a las personas que le rodean.
5. Su humildad: Atticus es un hombre modesto y sencillo que no busca el reconocimiento ni la fama, sino hacer lo correcto.”
Completamente de acuerdo con el “retrato” que hace la inteligencia artificial de Atticus, solo acotar que, Harper Lee no es “un autor” sino una afamada escritora estadounidense, que en la construcción de su personaje recoge las virtudes más importantes que debe tener, no solo un abogado, sino toda persona que quiera convivir en paz con los demás. Tal vez por eso es admirado como un héroe de la especie humana donde pareciera que la maldad le gana la partida a la virtud. Si se quiere conocer realmente al personaje hay que leer Matar a un ruiseñor y no contentarse con que ChatGPT lo haga por nosotros.
En las clases de ética que dicto actualmente, he realizado algunos experimentos al someter a la inteligencia artificial a las mismas preguntas que a los alumnos, y ante la duda ¿Puede una inteligencia artificial hacer valoraciones morales? respondió ChatGPT.
“No, una inteligencia artificial no puede hacer valoraciones morales en el sentido humano de la palabra. Las valoraciones morales implican una comprensión profunda de los valores humanos, la cultura, la historia y la ética, y requieren la capacidad de tomar decisiones en función de estos valores. Aunque las inteligencias artificiales pueden ser programadas para seguir ciertas reglas éticas o tomar decisiones basadas en patrones, no tienen la capacidad de comprender el significado profundo de los valores humanos o de tomar decisiones éticas complejas basadas en la comprensión del contexto social y cultural.
En conclusión, es importante destacar del párrafo citado, que la inteligencia artificial reconoce que no tiene la capacidad de comprender "el significado profundo de los valores humanos" que es el espinoso terreno en que tienen que moverse los abogados, y del que solo salen con buen pie las personas íntegras, como Atticus Finch, digno ejemplo de lo que debe ser un abogado.
viernes, 10 de marzo de 2023
Demasiados abogados y poca justicia
En 1926, Piero Calamandrei, ilustre jurista italiano, publica una de sus obras más destacadas: Demasiados abogados; un trabajo donde el maestro denuncia la decadencia intelectual y moral de la abogacía italiana. En el capítulo XIX el autor recuerda con melancolía qué “un indicio de ese declive ético de los abogados italianos de aquel tiempo fueron las palabras de un inglés amigo de Italia, quien, hablando de varias profesiones ejercitadas por los italianos, se expresa de este modo: la más popular de las profesiones civiles es la de abogado; Italia está llena de abogados, de procuradores y de leyes. Pero desgraciadamente justicia, hay muy poca…”
Ese texto fue objeto de análisis en un reciente curso de ética profesional que dicté este verano en la Universidad Católica Andrés Bello. Allí, sin descubrir nada nuevo, se llegó a la conclusión de que el problema planteado en aquellos años, no solo se repite ahora, sino que se vive más intensamente: específicamente en Venezuela, hay más de 400.000 abogados y sin embargo la justicia siempre es vista como una asignatura pendiente que no se ha podido aprobar.
En medio del debate, surgió la siguiente pregunta ¿Puede sobrevivir la ética jurídica a la crisis moral del mundo contemporáneo? Las respuestas fueron variadas e interesantes y, lamentablemente, todas se inclinaron por considerar que las elogiadas virtudes que caracterizan a un buen abogado, naufragan fácilmente en medio de una sociedad líquida como la retrata Bauman, el ocaso del deber del Lipovetsky o las ideas posthumanistas de Peter Sloterdijk
Debo destacar como algo importante, que un curso formado por jóvenes estudiantes que todavía no han navegado las aguas del mundo judicial considere que poco puede hacerse ante la “normalización de la corrupción” que la sociedad acepta como cosa corriente y natural: hoy, para obtener algo, hay que proceder de manera inescrupulosa, prestando atención sólo al resultado, sin pararse a considerar la moralidad de los medios empleados para alcanzarlo. Esto, que según los cursantes abarca todas las actividades humanas, se pone en evidencia en un oficio donde se pregona la honestidad, pero en la práctica hasta los más elevados actores del mundo jurídico actúan de una manera diferente.
Regresando a Calamandrei podemos leer en la obra antes citada: “… aun habiendo muchos abogados y procuradores honrados y concienzudos, hay también muchos que para vivir se ven obligados a no tener ni una ni otra de esas cualidades”. Sin pretender dar lecciones de moral, ni plantear este tema con la intención de hacerme ver por encima de lo que aquí se denuncia, considero que es urgente aceptar que, casi cien años años después de la publicación del texto que inspira estas líneas, la abogacía venezolana no está a la altura de las exigencias éticas de su oficio, independientemente de que existan ilustres representantes del gremio.
Ante este oscuro panorama, no se puede esconder la cabeza y hay que llamar a las cosas por su nombre: es muy importante tener claridad de dónde estamos y hacia dónde vamos, porque lo que está en juegos es la existencia de la abogacía como oficio. Si el crecimiento de la población de abogados no mejora la calidad de la justicia, no nos extrañemos que en un futuro esta sea administrada por las máquinas. Y esto no es ciencia ficción; ya lo destaca Andrés Oppenheimer en su libro Sálvese quien pueda al referirse a los robots que pueden sustituir a los abogados y a los algoritmos que pueden reemplazar a los jueces.


.jpeg)



