viernes, 23 de junio de 2023

Atticus Finch, el abogado ideal y la Inteligencia Artificial

    
El Día del Abogado llega, al igual que en los últimos años, en medio de sentimientos encontrados:  por una parte, se dice que no hay nada que celebrar y por otro lado se insiste en que hay que  permanecer  alegres y perseverantes en la esperanza de que vendrán tiempos mejores. Como reiterado recurso motivador se recuerda a Gandhi, Luther King o Mandela; abogados emblemáticos en  la  historia de la lucha por el derecho. Pero hay un personaje del que no se habla mucho, porque no es real, sino producto de la ficción literaria y cinematográfica, que llegó a ser considerado, el héroe más importante del cine en las últimas décadas, por encima de Rocky o Indiana Jones, me refiero a Atticus Finch.

    Para saber porqué un abogado puede ser admirado, no solo por sus colegas, sino por el público de la gran pantalla, en tiempos de inteligencia artificial, le pregunté a la popularisima  ChatGPT ¿Quien es Atticus Finch?, recibiendo inmediatamente la siguiente respuesta: 

    “Atticus Finch es un personaje literario creado por el autor estadounidense Harper Lee en su novela "To Kill a Mockingbird" (Matar a un ruiseñor). Es un abogado y padre soltero que vive en la ficticia ciudad sureña de Maycomb, Alabama, durante la Gran Depresión de los años 30.
La semblanza de Atticus Finch es la de un hombre íntegro, justo y valiente. Es un hombre educado y respetado en su comunidad, que se dedica a inculcar valores morales a sus hijos y a luchar por la igualdad y la justicia en un ambiente racista y prejuicioso.
Entre las virtudes de Atticus Finch se destacan:
1. Su integridad: Atticus es un hombre honesto y recto que siempre se guía por sus principios y valores.
2. Su valentía: A pesar de las amenazas y el rechazo de su comunidad, Atticus se enfrenta a la tarea de defender a un hombre negro acusado falsamente de violación.
3. Su empatía: Atticus es un hombre compasivo y empático que trata de entender a las personas desde su perspectiva y de ponerse en su lugar.
4. Su sabiduría: Atticus es un hombre sabio que sabe cómo guiar y aconsejar a sus hijos y a las personas que le rodean.
5. Su humildad: Atticus es un hombre modesto y sencillo que no busca el reconocimiento ni la fama, sino hacer lo correcto.”

    Completamente de acuerdo con el “retrato” que hace la inteligencia artificial de Atticus, solo acotar que, Harper Lee no es “un autor” sino una afamada escritora estadounidense, que en la construcción de su personaje recoge las virtudes más importantes que debe tener, no solo un abogado, sino toda persona que quiera convivir en paz  con los demás. Tal vez por eso es admirado como un héroe de la especie humana donde pareciera que la maldad le gana la partida a la virtud
. Si se quiere conocer realmente al personaje hay que  leer Matar a un ruiseñor y no contentarse con que ChatGPT lo haga por nosotros.

    El protagonismo del día del abogado lo está acaparando en gran medida la Inteligencia Artificial; no se si por miedo o por moda: miedo a que se cumpla la profecía de Oppenheimer, de que dentro de algunos años la justicia será administrada por robots, o, por no quedarse atrás en esta competencia de quien es el que tiene la mejor aplicación. No se puede negar la importancia de la herramienta y sus peligros: me cuenta un familiar que vive en el exterior, que  es difícil encontrar a un profesional que no utilice la inteligencia artificial; el problema es que el hombre renuncie a lo más importante que tiene la mente humana: pensar por sí mismo.

    En las clases de ética que dicto actualmente, he realizado algunos experimentos al someter a la inteligencia artificial a las mismas preguntas que a los alumnos, y ante la duda ¿Puede una inteligencia artificial hacer valoraciones morales? respondió ChatGPT.

    “No, una inteligencia artificial no puede hacer valoraciones morales en el sentido humano de la palabra. Las valoraciones morales implican una comprensión profunda de los valores humanos, la cultura, la historia y la ética, y requieren la capacidad de tomar decisiones en función de estos valores. Aunque las inteligencias artificiales pueden ser programadas para seguir ciertas reglas éticas o tomar decisiones basadas en patrones, no tienen la capacidad de comprender el significado profundo de los valores humanos o de tomar decisiones éticas complejas basadas en la comprensión del contexto social y cultural.
    Además, las valoraciones morales a menudo se basan en juicios subjetivos y experiencias personales, lo que hace que sea difícil para una inteligencia artificial replicar el pensamiento y la toma de decisiones humanas. En resumen, aunque las inteligencias artificiales pueden realizar cálculos y tomar decisiones basadas en patrones y reglas, no tienen la capacidad de hacer valoraciones morales en el sentido humano de la palabra”.

    En conclusión, es importante destacar del párrafo citado, que la inteligencia artificial reconoce que no tiene la capacidad de comprender "el significado profundo de los valores humanos" que es el espinoso terreno en que tienen que moverse los abogados, y del que solo salen con buen pie las personas íntegras, como Atticus Finch, digno ejemplo de lo que debe ser un abogado.





viernes, 10 de marzo de 2023

Demasiados abogados y poca justicia

En 1926, Piero Calamandrei, ilustre jurista italiano, publica una de sus obras más destacadas: Demasiados abogados; un trabajo donde el maestro denuncia la decadencia intelectual y moral de la abogacía italiana. En el capítulo XIX  el autor recuerda con melancolía qué “un indicio de ese declive ético de los abogados italianos de aquel tiempo fueron las palabras de un inglés amigo de Italia,  quien, hablando de varias profesiones ejercitadas por los italianos, se expresa de este modo: la más popular de las profesiones civiles es la de abogado; Italia está llena de abogados, de procuradores y de leyes. Pero desgraciadamente justicia, hay muy poca…”

 Ese texto fue objeto de análisis en un reciente curso de ética profesional que dicté este verano en la Universidad Católica Andrés Bello. Allí, sin  descubrir nada nuevo, se llegó a la conclusión de que el problema planteado en aquellos años, no solo se repite ahora, sino que se vive más intensamente: específicamente en Venezuela,  hay más de 400.000 abogados y sin embargo la justicia siempre es vista como una asignatura pendiente que no se ha podido aprobar.

En medio del debate, surgió la siguiente pregunta ¿Puede sobrevivir la ética jurídica a la  crisis moral del mundo contemporáneo? Las respuestas fueron variadas e interesantes y, lamentablemente, todas se inclinaron por considerar que las elogiadas virtudes que caracterizan a un buen abogado, naufragan fácilmente en medio de una sociedad líquida como la retrata Bauman, el ocaso del deber del Lipovetsky o las ideas posthumanistas de Peter Sloterdijk  

Debo destacar como algo importante, que un curso formado por jóvenes estudiantes que todavía no han navegado las aguas del mundo judicial  considere que  poco puede hacerse ante la “normalización de la corrupción” que la sociedad acepta como cosa corriente y natural: hoy, para obtener algo, hay que proceder de manera inescrupulosa, prestando atención sólo al resultado, sin pararse a considerar la moralidad de los medios empleados para alcanzarlo. Esto, que según los cursantes abarca todas las actividades humanas, se pone en evidencia en un oficio donde se pregona la honestidad, pero en la práctica  hasta los más elevados actores del mundo jurídico actúan de una manera diferente.

Regresando a Calamandrei podemos leer en la obra antes citada:  “… aun habiendo muchos abogados y procuradores honrados y concienzudos, hay también muchos que para vivir se ven obligados a no tener ni una ni otra de esas cualidades”. Sin pretender dar lecciones de moral, ni plantear este tema con la intención de hacerme ver por encima de lo que aquí se denuncia, considero que es urgente aceptar que, casi cien años años después de la publicación del texto que inspira estas líneas, la abogacía venezolana no está a la altura de las exigencias éticas de su oficio, independientemente de que existan ilustres representantes del gremio.

Ante este oscuro panorama, no se puede esconder la cabeza y hay que llamar a las cosas por su nombre: es muy importante tener claridad de dónde estamos y hacia dónde vamos, porque lo que está en juegos es la existencia de la abogacía como oficio. Si el crecimiento de la población de abogados no mejora  la calidad de la justicia, no nos extrañemos que en un futuro esta sea administrada por las máquinas. Y esto no es ciencia ficción; ya lo destaca Andrés Oppenheimer en su libro Sálvese quien pueda al referirse a los robots que pueden sustituir a los abogados y a los algoritmos que pueden reemplazar a los jueces. 



  


jueves, 24 de noviembre de 2022

Wilmer Gil: una persona ligera

El 30 de diciembre de 2007, Javier Marías escribió un artículo titulado Personas Ligeras. Cita allí a Miguel Delibes, que al recordar a su esposa ya fallecida decía que, “ con su sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir” ¿Puede decirse de alguien algo más hermoso? Se preguntaba Marías en ese artículo “brutal”,  que retrata de manera magistral, el don que tienen algunas personas de iluminar con su forma de ser los oscuros momentos de la vida. Creo que esto es perfectamente aplicable a Wilmer Gil Jaime, el amigo que en la madrugada de hoy se despidió para vivir de manera diferente. 

Don Wilmer, como le decíamos cariñosamente, nació en la Clínica Neverí de San Félix, donde creció y vivió, al extremo de llegar a ocupar importantes cargos públicos. Siendo abogado, cultivaba más amigos que enemigos. Siempre sonriente y generoso, se destacó en todo lo que hizo en la vida; no solo ejerció la profesión, sino que también incursionó en la docencia universitaria, ganándose el reconocimiento y aprecio de sus alumnos , que en más de una ocasión lo escogieron como padrino de la promoción. Actualmente, además de sus numerosas actividades que debía afrontar tanto en el ejercicio de la abogacía como en la docencia, formaba parte de la directiva del Centro Italo Venezolano de Guayana, colaborando en la difícil tarea de mantener ese prestigioso espacio social,  en tiempos particularmente difíciles. Pero el éxito más importante de su vida es su familia; siempre pendiente de sus padres, su esposa, y sus hijos, que son la herencia humana que deja como testimonio de una vida ejemplar

Decía que Wilmer se despidió para vivir de una manera diferente, porque como decía José Luis Martín Descalzo, cuando una persona querida muere deja de estar en un lugar específico para vivir el los corazones de quienes siempre lo recordarán: ahora, está en los pasillos de los tribunales; las aulas de la Universidad Católica Andrés Bello de Guayana o en la Ugma; en el Centro Ítalo Venezolano, o en San Félix, recordando las anécdotas que, como decía en las citas anteriores “ayudan a aligerar la pesadumbre de vivir”. 

Un gran abrazo don Wilmer 

Datilera, 24 de noviembre de 2022 



 



sábado, 19 de noviembre de 2022

La ética de Raul Queremel Castro


Voy a retomar el sentido de este blog, dedicando algunos artículos al evento organizado por la Universidad Católica Andrés Bello  sobre la ética de las profesiones jurídicas. Evento en homenaje al abogado Raúl Queremel  Castro, coautor del Código de Ética del Abogado Venezolano vigente, lo que ha motivado a su hijo Luis Queremel Franco a trabajar en un proyecto de reforma del citado instrumento normativo; una labor necesaria e impostergable  para el futuro de la abogacía en nuestro país.

Las ponencias  estuvieron dedicadas a temas fundamentales para el ejercicio del derecho: relaciones del abogado con su cliente, los honorarios profesionales, el abogado en los tribunales, el compromiso social del  abogado, el perfil del juez y, como cierre, la presentación  del Proyecto de Código de Ética adaptado a estos tiempos, Hay que destacar que, el evento contó con la participación de cuatro paneles de estudiantes que disertaron sobre los temas tratados en la jornada.

Como dije anteriormente, voy a comentar cada ponencia en artículos separados. Aquí sólo quiero destacar la importancia del acto, que tuvo como motivo central la ética, vista desde el ejemplo de un jurista de vida intachable; porque eso es lo importante, no puede rescatarse  el valor de la ética si las palabras no van acompañadas con los hechos. En este sentido para conocer el perfil de jurista homenajeado, nada mejor que citar las palabras de Salvador Yannuzzi, Profesor emérito de la UCAB – UCV. Ex Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello. Individuo de Número de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales.

 “Recién graduado de abogado conocí al doctor Raúl Queremel Castro, a quien habían designado juez superior en lo civil y mercantil, en atención a que sus ejecutorias como magistrado en primera instancia eran conocidas por su rectitud y apego a la ley.

No era una persona extrovertida; sin embargo, ello no era óbice para que tratara a todos los que acudíamos al tribunal que regentaba con educación, amabilidad y respeto, lo que era correspondido por todos los que debíamos concurrir a ese juzgado. Esto fue una característica de su gestión, porque todos los que colaboraban con él, en cualquier posición, bien en la secretaría del tribunal, los amanuenses, los archivistas, alguacil y portero, tenían esa misma actitud de consideración y respeto.  

Era una persona muy precisa en cuanto a sus decisiones y recuerdo que en un caso que me correspondió tramitar en ese juzgado, ante una duda para decidir si le otorgaba eficacia a la declaración de un testigo (me enteré por la sentencia) dictó un auto para mejor proveer, lo que era bastante inusual en esa época, y después de sustanciar la diligencia ordenada consistente en practicar una inspección ocular en alguna localidad (en el sitio en el que ocurrieron los hechos), y se forme un croquis sobre los puntos que se determinen (para lo cual designó un práctico), concluyó en el fallo que el testigo era confiable, habida cuenta que desde el sitio en que se encontraba, cuando sucedieron los hechos debatidos en el proceso, podía visualizar lo que estaba ocurriendo, por lo que le otorgó eficacia a la declaración. 

La opinión generalizada de los que litigábamos en ese tiempo, al referirnos a la personalidad del juez Queremel Castro, era la de su conocimiento del Derecho, de su imparcialidad, de su equilibrio y la de su absoluta honestidad.   Por ello, considero que este homenaje que se rinde al doctor Raúl Queremel Castro, no solamente es merecido por sus dotes personales, sino al modelo de juez que encarnó.

Cuando una persona que ocupó el cargo de juez - del que es difícil salir totalmente bien parado -, es recordado de esta  manera, no hay más que añadir sobre su estatura profesional y moral. De eso trató el evento. En tiempos de tanta banalización y superficialidad, cuando las sociedades se desorientan, hay que rescatar el ejemplo de quienes fueron, y son,  referencia de lo que debe ser un buen abogado 



        









sábado, 30 de julio de 2022

La abogacía vista 41 años después



El 30 de julio de 1981, formando parte de la promoción de abogados Sebastián Artiles, recibí mi título de abogado. Mi expectativa de vida en aquel momento era muy sencilla: trabajar, casarme y formar una familia. Así regresé a mi tierra guayanesa y ejercí la profesión 10 años, hasta que el destino me llevó al cargo de juez,  que ejercí durante toda la década de los años 90, para posteriormente incorporarme a la fundación de la Universidad Católica Andrés Bello de Guayana, donde todavía me encu
entro, como en una trinchera, desde donde veo las difíciles realidades de estos tiempos. Así pues, la abogacía ha ocupado parte importante de mi vida.

Pero la abogacía es mucho más que una profesión, es una manera de ver, entender y resolver los dilemas que producen los conflictos humanos, que no envejecen ni desaparecen. Prueba de esto, la tenemos en el libro El alma de la Toga de Ángel Ossorio, escrito en el año 1919, que cien años después sus reflexiones tienen vigencia. Dice allí entre otras cosas: “La abogacía no es una consagración académica, sino una concreción profesional… quien no dedique su vida a dar consejos jurídicos y pedir justicia en los tribunales será  todo lo Licenciado que quiera, pero Abogado, no”. 

Continúa Ossorio destacando lo que a su juicio son las virtudes del abogado: “En el Abogado la rectitud de la conciencia es mil veces más importante que el tesoro de los conocimientos. Primero es ser bueno; luego, ser firme; después, ser prudente; la ilustración viene en cuarto lugar; la pericia, en el último… No. No es médico el que domina la fisiología, la patología, la terapéutica y la investigación química y bacteriológica, sino el que, con esa cultura como herramienta, aporta a la cabecera del enfermo caudales de previsión, de experiencia, de cautela, de paciencia, de abnegación… Igual ocurre con los Abogados. No se hacen con el título de Licenciado, sino con las disposiciones psicológicas, adquiridas a costa de trozos sangrantes de la vida”.

Acertadísima opinión. Después de más de 40 años de ejercer el oficio desde diferentes posiciones, estoy convencido, de que la abogacía no se puede aprender si no se vive, y esto ocurre cuando se lucha con los monstruos que salen de lo más profundo de los corazones humanos. Actualmente, en las universidades se observa como crece el desinterés por la carrera de derecho, y dentro de estas, el menosprecio por el derecho procesal,  como si los conflictos hubieran desaparecido del mundo contemporáneo. Es paradójico que los thrillers jurídicos ocupen las preferencias de la ciudadanía y el estudio del derecho pierda interés. Esto es un problema que abordaré en otro espacio, donde me ocuparé de la desorientación académica y el funcionamiento del Poder Judicial, porque la esencia de la abogacía permanece incólume, aunque persistan las dificultades que no dejan ver claramente su alma.

A lo largo de la vida,  la idea que tiene el abogado de su oficio va cambiando. Primero toma conciencia de que el “vedetismo jurídico” no es inherente a la abogacía, donde muchas veces, en la búsqueda de la justicia hay que arriesgar el “prestigio personal ” y defender  los derechos de su patrocinado sin importar el qué dirán. La abogacía no es para lucirse; si como consecuencia de la excelencia de su trabajo, el abogado destaca, muy bien, pero sin perder de vista los intereses de su representado. Lo segundo, es comprender a los justiciables, porque la perfección moral no es precisamente una característica de la naturaleza humana. En tercer lugar,  después de varios años, mirando hacia atrás, acumulando sentimientos de alegría y tristeza, con aciertos y desaciertos, entender papel  de la abogacía en la complicada comedia de la vida que, no es un oficio más, es una necesidad de las almas que sufren el dolor de la injusticia. Así la veo 41 años después. 





 



viernes, 22 de julio de 2022

Kelsen, la autopista y la realidad de dos mundos

La justicia es la  adecuación del comportamiento humano a las normas del orden social. Eso decía el inevitable Hans Kelsen; para muchos, el mejor jurista del siglo XX. Y para él, el orden social no era otra cosa que el derecho positivo, que a su juicio diseña un mundo ideal: un mundo  donde los ciudadanos reclaman sus derechos, cumplen con sus deberes y se responsabilizan por lo que hacen. Un mundo hipotético que, perfectamente puede ser real si se toma conciencia del valor de lo justo, que cobra vida con el cumplimiento de la ley.

El problema es que no todos ven el mundo de igual manera. Alejandro Nieto, destacado Catedrático de Derecho Administrativo en España, en su libro,  El mundo visto a los 90 años. dice que: “el mundo social está desdoblado: Está por un lado, -el que debería ser,- el que se supone que es- un mundo ideal ( en cuanto irreal) en el que los ciudadanos son justos y benéficos, honestos, responsables de sus actos  y cumplidores de sus compromisos, fiables tanto por su temperamento como por la severidad de las normas que ordenan sus relaciones y a las que atienden puntualmente; …Ahora bien, por otro lado está el mundo real que es así como funciona: ni los individuos ni las instituciones se comportan como se dice. De hecho, el mundo social es engañoso y peligroso; nada es  lo que se aparenta; no es el reino de la justicia ni de la paz ni de la razón; los individuos singulares son o explotadores o explotados; cuando se pide igualdad y justicia se recibe en el mejor de los casos buenas palabras”

 ¿Cómo es realmente el mundo social? Debo reconocer que el mundo ideal de Kelsen está lejos de nuestra realidad, pero no estoy de acuerdo totalmente, con la imagen del mundo que describe Alejandro Nieto. Es verdad, las buenas palabras se utilizan para engañar y ocultar las injusticias, existen numerosos explotadores y explotados, la cotidianidad es muy peligrosa y hay que vivir  a la defensiva porque ni el derecho ni las instituciones garantizan la seguridad y la certeza que ofrecen. Pero no todo es así.

Sobre esto, medito todos los días cuando tomo la autopista para ir al trabajo. Mi primera impresión es que entré en un ambiente parecido al de Mad Max, furia en el camino: parece una competencia  por ir lo más rápidamente posible de cualquier manera; los límites de velocidad no se respetan, se adelanta por cualquier lado; igual se atraviesa un pequeño vehículo, que un camión o una cisterna de gasolina. Y que decir de los motorizados, parecen seres fantasmagóricos que aparecen inesperadamente por todas partes. Todo esto condimentado por la desaparición del Estado y la ausencia de sus autoridades. Decir que aquí está presente la idea de justicia de Kelsen es ingenuo y absurdo, porque el comportamiento humano se adecúa a cualquier cosa menos al orden establecido por las normas sociales. Sin embargo, siempre hay  motivos para la esperanza: hay quienes cumplen las reglas, moderan la velocidad, ceden el paso y con esa actitud hacen el tránsito más vivible y armonioso 

En el resto de la sociedad pasa lo mismo que en la autopista: ni el paraíso ni el infierno absoluto.  Hay mucha gente que cree que hay que vivir de acuerdo con la ley; otros que no se conforman con cumplirla, sino que trabajan para que cada vez su cotidianidad esté más ordenada. Y además, hay quienes dedican su vida para que  el ideal de un mundo justo no sea una realidad inalcanzable. 

Y si queremos contribuir con la construcción de ese mundo tan deseado,  podemos empezar tomando conciencia de que, con sus virtudes y sus defectos, entre las grandes  creaciones de la mente humana, está indiscutiblemente la ley.


  


lunes, 6 de junio de 2022

Los abogados y las lecturas eróticas



Hoy comenzó la celebración de la semana de la Escuela de Derecho en la Ucab- Montalbán. El acto inaugural contó con la participación del Rector, el Decano de la Facultad y las Directoras de las Escuelas de Caracas y Guayana, teniendo como invitado especial al Dr. Allan Brewer Carias. El distinguido juristas se dirigió a los estudiantes destacando entre otras  cosas: las dificultades para el estudio y ejercicio de la abogacía en Venezuela, la necesidad de cultivar el hábito de la lectura y, por último,  la importancia y vigencia permanente de los principios de Justiniano: Vivir honestamente, no dañar a otro y dar a cada uno lo suyo. Buenos temas para tiempos especialmente difíciles.

Quiero resaltar la importancia que le dio al tema de la lectura y especialmente a estudiar por libros y no por apuntes,  ya que esto ha sido una lucha permanente de la que me he ocupado en otras oportunidades. El 8 de noviembre de 2011 publiqué un artículo titulado Lecturas eróticas, donde compartía la preocupación de diferentes docentes universitarios por el desprecio casi absoluto por la lectura. Decía allí: “Cuando  cursaba  estudios de Derecho a nivel de pregrado,  uno de los profesores más críticos de nuestra disciplina dijo que, Venezuela estaba entre los pocos países donde una persona podía graduarse de abogado sin haberse leído nunca un libro de Derecho. No me quiero pronunciar sobre  la veracidad de la afirmación, lo que puedo decir con propiedad, es que a los estudiantes no les gusta estudiar por libros; el “apuntismo” los aparta de las grandes obras jurídicas; y esto -entre otros males- trae como consecuencia que, les cuesta una enormidad redactar un párrafo en forma coherente, limitándose a plasmar en los exámenes, algunas frases sueltas, muy parecidas a los mensajes de texto o “twitters” que dominan en buena forma” (Publicado en El Correo del Caroní el 8 de noviembre de 2011) En problema no pierde vigencia tal y como lo ha destacado el ilustre invitado, porque trasciende de lo que puede considerarse como algo simplemente instrumental, para afectar seriamente la cultura jurídica de la abogacía.

En fin, no corren buenos tiempos para la lectura; la gente lee muy poco. Solo superficialmente se ocupa de los titulares y las primeras líneas de los primeros párrafos. Por eso, tanto en aquella oportunidad como ahora, engañé al lector, insinuando en mi escrito que me iba a  ocupar de temas que, para algunos pueden parecer más interesantes que los inmortales principios  de Justiniano.

Buen comienzo de la Semana de la Escuela de Derecho










: