Lección inaugural: año académico 2008 - 2009. Ciudad Guayana octubre de 2008
Recuerdos de la primera década
Hablar de los retos de nuestra Escuela en una fecha
tan importante, en que estamos cumpliendo diez años de nuestra fundación, nos
obliga a dedicarle unas palabras a esos momentos del pasado que forman nuestra historia y son el punto de
apoyo de nuestro presente y la inspiración de nuestro futuro. La Escuela de
Derecho de UCAB Guayana, nace en octubre de 1998, en un momento de mucha
expectativa política y social: 1998 es un año
de importancia indiscutible en la historia contemporánea de nuestro
país. Los acontecimientos de ese momento son el punto de partida de todo un
proceso que todavía no termina y que
marca de manera especial estos últimos diez años.
En diciembre de 1998 se produce la llegada al poder
del presidente Hugo Chávez, que como todos saben, no vino solo a ocupar un
cargo por un período determinado, sino a impulsar un proceso de cambios que
todavía está en marcha y cuyos resultados definitivos están por verse. Podemos decir que, de manera casual la
historia de UCAB Guayana coincide con la historia de la Revolución Bolivariana
y, en consecuencia, hemos sido testigos en primera fila de todo el proceso
constituyente, de los cambios jurídicos y conflictos políticos vividos durante
estos años. En este ambiente, quienes tuvimos la responsabilidad de iniciar las
actividades de la Escuela de Derecho, nos encontramos con una tarea que nos
parecía gigantesca e inalcanzable, no se trataba solo buscar un grupo de
profesores para dictar clases, sino
crear una Escuela a tono con las necesidades sociales, que en ese
momento exigían una participación en aspectos públicos considerables y
difíciles, inclusive para las grandes facultades de derecho nacionales. Si
queremos utilizar una metáfora para ilustrar aquel momento, podemos decir que
eran tiempos de “elevada taquicardia jurídica”, en que los acontecimientos no
permitían la reflexión serena y pausada sobre el destino de la academia, porque
la realidad marcaba otros ritmos
Pero a pesar de todo, salimos adelante y no podemos
dejar de recordar con nostalgia y cierto humor aquel primer quinquenio: en el
primer año profesores y alumnos eran nuevos, no había experiencia previa en que
apoyarse; a partir del segundo los
nuevos era los profesores que se iban nombrado en la medida en que se abrían
las secciones. No habían ambiente universitario y la participación de la
comunidad universitaria en los grandes temas de actualidad, tenía que ser
forzada desde las autoridades de las Escuela. Estábamos en una especie de niñez
y adolescencia en que primero había que aprender a caminar para después poder
correr.
Es muy importante destacar la crisis del 2003,
cuando los acontecimientos políticos nacionales produjeron el cierre de la
universidad por un periodo de tiempo significativo. Hoy a siete años vista,
recuerdo aquellos hechos no como un aspecto negativo, sino como parte del
crecimiento de la Escuela. En
enero de 2003 las autoridades decidieron
suspender las clases mientras duraba el conflicto político nacional. Un
importante grupo de profesores y alumnos se rebeló en contra de esa decisión y
tomó los portones de esta universidad realizando una manifestación que duró
varios días y produjo una reacción del resto de la comunidad universitaria. La
Escuela de Derecho fue tal vez la que más sufrió este conflicto: profesores y estudiante
que mantenían excelentes relaciones se enfrentaron en virtud del desencuentro
político. Surgieron duros debates sobre la forma de conducir la universidad.
Inclusive, estudiantes de derecho intentaron una acción judicial contra las
autoridades. En conclusión vivimos momentos difíciles que solo quiero
recordarlos sin juzgarlos, pero destacando de ese episodio lo que realmente
considero importante, y es que al pasar la tormenta, las actividades y las
relaciones de los enfrentados se normalizaron de tal forma, que lo que pudo ser
una herida incurable, fue más bien una especie de volapié en el impulso y
desarrollo de nuestra escuela. Nos enseñó aquel acontecimiento que somos y
tenemos que ser una escuela plural, donde deben tener cabida real todas las corrientes
del pensamiento, compartiendo las diferencias y como decía san Agustín “aprendiendo
a disentir sin odios”.
Superados aquellos sucesos del 2003 ese mismo año
graduamos a nuestra primera promoción de abogados. De allí en adelante las
cosas fueron diferentes. Este primer quinquenio que apretadamente acabo de
resumir puede ser a futuro el periodo más interesante de nuestra historia: lo
terminamos con un cuerpo docente consolidado, un equipo de proyección social,
bien ensamblado y un grupo de graduados que hoy ocupan cargos importantes,
ejercen la profesión con éxito e inclusive son profesores destacados de nuestra
escuela.
En el periodo 2003 - 2008, avanzamos
en la promoción de la discusión de los grandes temas de actualidad, El trabajo
social comienza a cobrar más importancia hasta la implantación de la ley de
servicio comunitario. Participamos activamente en discusión e implementación de
la reforma del pensum de estudios que hoy es uno de los más modernos de las
escuelas de derecho y, formamos parte de la aplicación del sistema de gestión
de calidad. Paralelamente se desarrollaron todas las actividades
extracurriculares donde se destacan como momentos estelares los repetidos
éxitos deportivos y las exitosas semanas
de las escuelas.
Pero hablar de la Escuela sin dedicarles un
capítulo especial a los estudiantes sería algo desconsiderado. Nuestro
estudiantes tiene un periodo transitorio pero identificación infinita; los
estudiantes solo están en la universidad el tiempo necesario para graduarse.
Pero la experiencia nos enseña que su vinculación posterior se mantiene, desde
diferentes lugares y actividades y lo más importante es el orgullo que
manifiestan cuando se identifican como Ucabistas. En estos diez años la
participación del estudiante de derecho en la vida universitaria ha
evolucionado de una manera increíble. Los primeros tres años estuvieron
marcados por una apatía preocupante, en los tres años siguientes se observa un
tímido desertar hacia lo social y político, pero en los últimos años el avance
en la participación ha sido vertiginoso. Debo destacar que la representación
estudiantil de derecho logró desplazar
de los cargos de cogobierno a candidatos de la escuela de Caracas y durante dos
años consecutivos representantes de Guayana ocuparon un puesto en el Consejo de
Facultad. Inclusive provocaron un debate importante sobre la interpretación de
los reglamentos de representación estudiantil, para hacer oír la voz del
estudiante guayanés que, aunque no se logró
el éxito deseado, el conflicto se ha convertido en una especie de
movimiento precursor de la necesaria
autonomía de la UCAb Guayana.
En esta apretada
síntesis de estos primeros 10 años de actividad, no he pretendido hablar de todos, ni nombrar
a todos los que como su esfuerzo han contribuido a construir esta realidad.
Simplemente he querido destacar que se cumplió una travesía orientada al
cumplimiento de los valores esenciales del derecho, que coinciden en gran
medida con los de la universidad. Que nos hemos equivocado, es verdad ¡quien no
se equivoca en esta vida! Pero si quisiéramos presentar una especie de
rendición de cuentas, estaríamos seguros de que lo positivo estará por encima
de todo lo demás. Tenemos una escuela de la cual estamos orgullosos, y muy
especialmente porque:
- Tratamos de ser fieles al espíritu humanista Católico de nuestra
universidad sin dejarnos llevar por la modas que ahogan la verdadera
esencia del derecho como es la dignidad del hombre
- Tratamos de no autocensurarnos evitando la participación en los
debates más enconados de vida nacional. Nos podrán criticar por cualquier
cosa pero no por ser indiferentes.
- Tratamos de trasmitir el valor de la solidaridad social y su
sabiduría a través de los voluntariados y el servicio comunitario. Tenemos
una deuda de aprendizaje con la filosofía del pobre que tiene mucho que
enseñar sobre todo el coraje y la resistencia ante las adversidades de la
vida
- Tratamos de mantener una observación constante en la actualización
y aprendizaje de las nuevas corrientes del derecho para que nuestros
egresados no sean solo técnicos en leyes sino juristas con profunda
formación humana.
Esta es nuestra hoja de vida. Juzgar el resultado no nos corresponde a
nosotros ya que como abogados sabemos que nadie puede ser juez en su propia
causa.
Retos de la Escuela de Derecho para la próxima
década
Comenzamos este año académico y al igual que hace
diez años iniciamos un nuevo camino lleno de ilusiones muy preocupados por los nuevos retos. No tenemos por delante la tarea de crear una
escuela de derecho en tiempos de trasformaciones constituyentes y convulsiones
políticas. Ahora nos toca responder a las exigencias que la sociedad
hace a las escuelas de derecho. Para
abordar este tema me referiré a un párrafo de la lectio brevis pronunciada por nuestro rector el padre Luís Ugalde el pasado
3 de octubre
“Responsabilidad viene de responder y para
responder primero hay que escuchar y entender la pregunta. La primera condición
para ser responsable es que seamos una universidad consciente de que la
sociedad tiene preguntas, tiene frustraciones, esperanzas y expectativas con
respecto a sus universidades”
Siguiendo las ideas de este párrafo y el espíritu de la lectio brevis orientada a la
responsabilidad social universitaria. Voy a formular y responder tres
preguntas que constantemente me hacen
desde diferentes sectores de la sociedad: ¿Para qué necesita la sociedad a las
Escuelas de derecho? ¿Por qué las Escuelas de derecho no han sabido dar
respuesta a los graves problemas
jurídicos que afronta la sociedad? ¿Cómo puede contribuir una escuela de
derecho en la construcción de la
Paz ciudadana y la armonía social?
¿Para que necesita
la sociedad las Escuelas de Derecho?
Hay una
opinión algo generalizada en el colectivo,
en el sentido de que las escuelas de derecho no solo no son necesarias, sino que son inconvenientes para el orden
social, pues elevado número de abogados que gradúan en vez de contribuir a la
solución de los problemas sociales lo que hacen es agravarlos, propiciando
litigios inútiles y prolongando excesivamente los que deberían resolverse a la
brevedad. Consideran los defensores de
esta idea, que la sociedad necesita médicos, ingenieros, economistas, es
decir, gente que construya y no gente
que destruya. No le restemos importancia a quienes así piensan, porque uno de
los errores en que incurrimos repetidamente es no oír las críticas ni saber sacar provecho de ellas. Lo que debemos destacar, es que una escuela
de derecho es mucho más que una especie de tecnológico jurídico donde solo se
trasmite el conocimiento de las leyes y la jurisprudencia. Una verdadera
escuelas de derecho debe ser un centro educativo trasmisor de los valores jurídicos más
elevados y formador de juristas que se conviertan a futuro en trasformadores
sociales mediante la promoción del derecho. Las Escuelas de derecho han tenido muy “mala prensa” y no han sabido
defenderse. Lo primero que debe hacer es
trasmitirle a la sociedad la importancia del derecho como base
fundamental de una comunidad ordenada, justa y humana. Si no existe el derecho
la sociedad se acaba, como poco a poco se está acabando, en la medida en que el
ciudadano no entiende, que sin el derecho
no solo se rompe el acuerdo social y, que si no existiera el derecho, dejaría de
ser hombre para convertirse simplemente en un ser vivo que
puede ser tratado a capricho.
¿Por que las Escuelas de Derecho no han dado
respuesta adecuada a las necesidades sociales?
Sin caer en generalizaciones, creo que podemos analizar tres situaciones.
1º Las escuelas de derecho se han preocupado más
por trasmitir información sobre las normas, la jurisprudencia y la doctrina que
por formar abogados conocedores en profundidad del fenómeno jurídico, que no se
reduce solo al conocimiento de las normas, sino que debe ser complementado con
a la observación de la realidad social e identificación de los valores relevantes en una sociedad y en una
época determinada
2º La enseñanza
sobre la justicia se ha banalizado, en el sentido que en las clases, en los foros o discursos
jurídicos o en los tribunales se exalta y elogia constantemente pero no se
enseña a vivir la justicia. En efecto la justicia es un valor, pero no se trata
solo de una idea que flota en la abstracción sin sustento real, sino que la
justicia es también una virtud personal que debe ser ejercitada. Tanto el juez
como el abogado o el ciudadano de a pie están en la obligaciones actuar conforme
a la justicia y en este sentido el estudiante de derecho debe aprender a
ejercer esta virtud. El día que cambien la idea de, enseñar la justicia, por
impulsar la actuación justa comenzaremos
a cambiar muchas cosas.
3º desde el terreno de la filosofía y teoría del
derecho se debe revisar el concepto de derecho subjetivo que se enseña
en las Escuelas de derecho. Considera un importante sector del realismo
jurídico, que mientras se siga considerando al derecho subjetivo como una
simple facultad moral, el verdadero
derecho justo no llegará a las sociedades. En este sentido el derecho al
trabajo no puede seguir encendiéndose como la facultad que tiene el ciudadano
de dedicarse al oficio o profesión que
escoja como conveniente, sino a la posibilidad real de que pueda trabajar. En
este sentido Javier Hervada considera
que hay que cambiar la concepción de derecho positivo de, facultad de
actuar conforme al derecho objetivo, a
la posibilidad real de acceder a la cosa justa.
¿Como pueden contribuir las escuelas de derecho al
desarrollo de la paz social?
Considerando que estamos hablando en primer término
de centros educativos, la primera contribución de la escuela estará en la
formación del jurista que la sociedad
necesita. En la universidad hablamos de
la formación integral y e n lo que se refiere al abogado consideramos que esta
debe estar dirigida a tres aspectos que deben convertirse en los hábitos del
buen abogado, intelectuales, técnicos y éticos
- Intelectuales el estudiante y futuro abogado debe ser un
profundo estudioso conocedor de la ciencia jurídica que va a ejercer que
va a ejercer...
- Técnicos además de conocer la
ciencia, el abogado debe dominar la práctica para la aplicación de los
conocimientos en defensa de los interese que representa, no basta con
saber mucho de derecho si no se sabe ejercerlo.
- Éticos. El aspecto más importante del abogado es el ético; de nada vale
tener mucho conocimiento si no se sabe discernir sobre lo bueno y lo malo
Decía Bolívar que “el talento sin probidad es un azote” El primer juez del
pleito siempre es el abogado que
analiza si el cliente tiene razones legales y jurídicas y este análisis no puede
realizarse a cabalidad sin no se tiene una sólida formación ética
Hablamos de hábitos siguiendo la línea realista
donde las acciones están por encima de
las palabras
En segundo término y desde un aspecto más
general consideramos que es acertada la
idea de que hoy una sociedad justa es aquella que vela por el cumplimiento de
los derechos humanos. En este sentido, las escuelas de derecho deben estar
comprometidas no solo con la difusión y enseñanza de los derechos humanos, sino
con la vigilancia y defensa de los mismos. Deben cumplir un papel más activo creado equipos dedicados
hacer seguimiento al cumplimiento de los derecho fundamentales, estableciendo
una forma de contraloría institucional
que denuncie lo negativo, no solo para
hacer que las instituciones funciones sino para evitar que la sociedad se
acostumbre a las violaciones. De todo lo anterior podemos destacar tres retos
de contenido general.
- La exaltación y promoción del derecho como instrumento
insustituible de una sociedad justa
- Promover el ejercicio de la virtud de la justicia como conducta
personal y profesional y cambiar el paradigma del derecho forma por el
derecho real.
- Comprometerse en la
formación del abogado que la sociedad necesita y promover acciones reales la defensa de los derecho humanos
Estos serian, entre otros los compromisos que deberíamos asumir desde
la Escuela de Derecho para cumplir con el gran reto de colaborar con la
construcción de un orden más justo y humano.
Enemigos actuales
Para bordar los compromisos antes citados debemos estar conscientes de
que en el camino nos encontraremos con muchos enemigos. No vivimos momentos
fáciles, todo lo contrario y hay múltiples factores que perturban tanto a la
sociedad como al individuo: En lo social, las grades desigualdades delatan una
inmensa justicia social y son causa importante de la mayoría de los males. En lo individual, el miedo, la frustración y
la sensación de que la vida no tiene sentido agobian al hombre de hoy Es decir, los traumas sociales son múltiples
y para abordarlos adecuadamente
tendríamos que conformar un equipo multidisciplinario. Por eso en los escasos
minutos que me quedan solo voy a destacar dos enemigos reales que atentan
contra los ideales de instalación de una sociedad justa. La
violencia y la arbitrariedad.
Decía Aristóteles que la sociedad justa se
caracteriza por un equilibrio armónico que se mantiene por la observancia cabal
de las leyes de la polis. Pero lo contrario al equilibrio armónico es el
desorden que proviene de la violencia.
La inseguridad se traduce en el temor de que en cualquier momento se
puede ser víctima de un acto violento. Pero el problema que se observa es que
la violencia no está solamente en los otros
que pueden amenazarnos, sino en nosotros mismos, es decir en todos los
que vivimos una especie de cultura de la violencia que se erige como uno de los peor enemigos del
derecho; en efecto: el paradigma de hoy
en nuestra sociedad no es el de el hombre justo y virtuoso, sino el “alzado que
no se cala ni acepta nada”. Más que reclamar
derechos el hombre de hoy lo que pretende es imponer voluntades que es muy
diferente. Vivimos en una de las sociedades donde el irrespeto por las normas
es una realidad que se verifica desde diferentes niveles; desde lo más
insignificante como es respetar el turno en una cola, hasta la agresión
familiar, el hurto el secuestro o el
asesinato. Por lo tanto uno de los
primeros enemigos que hay que derrotar es esa cultura de la violencia que hoy
embarga a todos los sectores de la sociedad. Estamos conscientes que, abordar
este tema es un reto inmenso, pero lo peor es instalarnos en esa actitud de
honestidad indiferente, que no se compromete con nada. La defensa de los
derechos es más que un deber profesional es una actitud personal de buen
ciudadano.
El otro
enemigo del derecho es la arbitrariedad
de la autoridad. Observamos con mucha preocupación, como los funcionarios encargados de cumplir tareas
jurídicas sustituyen las normas por criterios personales que desatienden la
voluntad general de la ley por la voluntad particular y arbitraria que se funda
solo en el poder. Nos preocupa la reiterada queja de que “no hace falta estudiar porque a fin de cuentas lo que vale
es lo que digan los fiscales o los jueces. Esta sensación de impotencia es muy
peligrosa, y atenta seriamente contra la idea de un estado de derecho real,
donde lo importante sean las
normas y no las relaciones los favores o la astucia
Creo sin temor a equivocarme que estos son los
principales peligros de los grandes
retos de nuestra escuela en los próximos
años, la cultura de la violencia y la arbitrariedad, que se convierten en un
terreno poco propicio para la siembre de los grandes ideales jurídicos. Para enfrentar estos retos es necesario
asumir un compromiso social que va mucho más allá de la visión individual y
reducida del ejercicio individual de la profesión.
De todo corazón quiero agradecerles su colaboración
con la construcción de esta obra y termino con otra reflexión extraída de la lectio brevis,
cuando nuestro rector nos dice, que en
nuestra universidad no debe ser tabú discutir sobre el sentido de nuestra
vida. Me decía una estudiante que quería
darle más sentido a su vida trabajando
por los demás inscribiéndose en una conocida
ONG. Le respondí que me alegraba su vocación y le deseaba suerte en su
propósito. Pero que pensara que, si hay una carrera que permite la realización
personal luchando por los derechos de los demás es la abogacía, siempre y
cuando aprendamos a ejercerla a plenitud. Veamos el ejemplo de los grandes juristas
de la historia, si se hubieran conformado con aprender un oficio para ganarse
la vida no estarían presentes entre
nosotros cada vez que tenemos que ponerlos como ejemplo de la lucha por la
evolución del derecho y la justicia. Estimados compañeros ucabistas los retos
de la escuela no son solo retos institucionales sino desafíos personales para
involucrarse una de las empresas más
nobles e importantes de nuestra especie la lucha por la dignidad del ser humano
Dice Javier Aranguren, que responder de una manera convincente a la pregunta sobre
el sentido de la vida, exige tener una tarea que nos ilusione y nos enfrente
con las grandes verdades: se es hombre cuando se tiene saber teórico y
capacidad práctica para responde a estas tres preguntas. ¿Por qué estoy aquí?
¿Por qué existo? ¿Qué debo hacer?
Pensemos en ello y no perdamos la oportunidad que nos ofrece la vida.