miércoles, 6 de noviembre de 2024

El drama económico de la abogacía


Si hay una profesión que sufre el problema de la “ ingratitud económica” , esa es la abogacía: es difícil que el abogado encuentre clientes que quieran pagarle de buena gana los honorarios profesionales. Aceptando que no se debe generalizar, hay que reconocer sin ingenuidades que, en muchos casos, por no decir la mayoría, a los abogados le pagan a regañadientes; inclusive, famosos cuentos de destacadas plumas literarias se dedican a descalificar el derecho humano que tiene el abogado a poder vivir de su oficio, que tienen su razón de ser en la existencia de la maldad humana, que es la causa de las injusticias y del desorden social. Si recordamos lo que decía Max Weber sobre las profesiones, definiéndolas cómo el conocimiento especializado que sirve de sustento económico a la vida, pareciera que esto no aplica para la abogacía.

La prueba de este drama, es que tanto el Código de Ética, como la Ley de Abogados establecen de entrada, la  posibilidad de qué el desacuerdo entre el abogado y su cliente, en lo que se refiere a los honorarios profesionales, tenga que resolverse mediante un arbitraje o un procedimiento judicial, donde inclusive la decisión final siempre puede estar sujeta a una retasa, para que sea un “tribunal especial” el que decida si los honorarios que pretenden cobrarse, son los que justamente corresponden al trabajo realizado. Pareciera que la desconfianza es lo que impera en este tema

Hay que reconocer  que  hay de todo en la viña del señor, y algunos abogados pretenden cobrar sumas desproporcionadas en relación al trabajo realizado, pero no son la mayoría. No  pretendo descalificar ningún oficio, porque todo trabajo dignifica al que lo realiza, pero es preocupante que muchas personas valoran más a sus peluqueros, jardineros o mecánicos que a sus abogados, sin tomar en cuenta los que significa el ejercicio de la abogacía,  porque si hay una profesión riesgosa, donde constantemente hay que convivir con los demonios que cargan sus clientes, esa es la abogacía; hasta los profesionales más correctos, reciben sus dosis del odio de los adversarios.

  

Así es el drama económico de la Abogacía, un problema que tienen que resolver los abogados y muy especialmente los gremios que los representan, porque detrás de esto hay mucho más que la justa remuneración, está en juego el respeto a la profesión.

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