Agradezco el comentario, porque permite el intercambio de ideas sobre un importante y polémico tema, que muchas preocupaciones trae al hombre de este tiempo.
¿Qué fue lo que dije? “Hoy, las personas realmente importantes, las mentes brillantes que fueron y son útiles a la sociedad no tienen mucho espacio en la dictadura de las redes sociales Y si no fuera por eventos como el que aquí comento, poco a poco quedarían relegadas al archivo del olvido”.
Voy a comenzar por algunas aclaratorias previas para evitar que se me acuse de plagiario y se cuestione mi originalidad:
1ª Considerar al mundo del internet como dictadura, es algo que en las mismas redes sociales se pregona; puede leerse en https//www.jovenesenred.es, lo siguiente: “Hoy en día, unas pocas plataformas controlan en gran medida la opinión pública y la información a la que tienen acceso la mayoría de los ciudadanos. Para mucha gente, si algo no aparece en Google, o no se puede encontrar en YouTube o Facebook, simplemente no existe”.
2ª Considerar a las redes sociales como una dictadura, es el producto de numerosos estudios de psiquiatras, psicólogos y sociólogos, que utilizan esa expresión al analizar sus efectos nocivos en el comportamiento humano. Consideran, entre muchas otras cosas, que producen una adicción incontrolable, despersonalizan a los usuarios, no les permiten ver la realidad, e impiden la formación del pensamiento crítico. Esto puede relacionarse con lo que hace varios años advertía el sacerdote José Luís Martín Descalzo, que decía, palabras mas palabras menos: no hay peor dictadura, que la dictadura de la moda, que imponen estilos de vida sin dejar libertad de elección
3ª El premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa, en su libro La civilización como espectáculo, sostiene que la ciencia y el conocimiento están siendo desplazados por el entretenimiento; en el mundo del internet los artistas o los deportistas tienen más seguidores que los científicos. Y no se trata de quien es más o menos importante, sino de la degradación de la cultura social.
4ª Este debate tiene más de 20 siglos y todavía no termina. Podemos leer al escritor Javier Cercas en su libro La verdad de Agamenón, el artículo titulado Invenciones Satánicas: “Cada vez que se produce un cambio cultural de primer orden, los intelectuales, que al fin y al cabo son los encargados de preservar la tradición, lo contemplan con reticencia, cuando no con miedo. Platón lamentaba en el Fedro, por boca del rey Tanos, la invención de la escritura, una creación peligrosa porque implantará el olvido en las almas de los hombres, quienes dejarán de ejercer la memoria porque contarán con lo que está escrito” Continúa el artículo destacando que dieciocho años más tarde pasó lo mismo con Gutenberg por la invención de la imprenta, cinco siglos después con la invención del televisor, y así sucesivamente. Hoy, este debate se produce contra todo el progreso que ofrecen el internet, las redes sociales, la inteligencia artificial etc. Todo, en el marco del enfrentamiento entre el humanismo y el transhumanismo.
Planteado lo anterior, aclaro que, nunca he satanizado el progreso tecnológico ni las redes sociales, de las que me he beneficiado bastante. Desde el año 2010, aproximadamente, utilizo Twitter y Facebook para expresar mis opiniones y comunicarme con los numerosos alumnos que semestre a semestre han acudido a mis clases. Además, tengo tres blogs y varios grupos WhatsApp. Pero igualmente, he comprobado los peligros del acceso ilimitado a la información sin formación ni criterios para valorarla y protegerse de los peligros que pueden convertir al usuario en un verdadero monstruo.
La famosa escritora española Rosa Montero, el 19 de junio de 2022, en su columna de El País Semanal, escribe un artículo titulado Influencers, donde cuenta lo que le ocurrió en la Feria del libro de Madrid: Un día de firma en la feria, ya muy pasada la hora de irme, cortaron mi cola como es habitual e inevitable. Se acercó a mi caseta una chica muy joven de carita dulce y, casi llorando, dijo que la habían rechazado con muy malos modos. A la librera y a mi nos enterneció y le dimos su ejemplar firmado. Luego me enteré de que antes había montado un escándalo: se puso a gritar que cómo se atrevían a no dejarla pasar, que ella era una influencer que tenia 21.000 seguidores (…) y tras llamar “vieja loca a mi editora, alzó el móvil y amenazó con colgar una critica demoledora de mi libro. ¡Ahora mismo la escribo! Hicieron caso omiso de su chantaje y entonces vino a manipularnos a la caseta (…) En su peor versión en la frívola y retumbante nada de su vacío, estas redes pueden fomentar la maldad de la gente, enseñar a abusar y convertirte en un pequeño monstruo
En conclusión, las redes sociales, como toda herramienta pueden ser utilizadas para el bien o el mal; nos traen muchas cosas buenas, pero también son el instrumento de la banalidad o la perversidad. No se debe sacar mi crítica fuera del contexto del artículo: lo que dije, es que, en esa dictadura de las redes, las mentes brillantes, las que son útiles a la sociedad tienen poco espacio, cosa que es fácilmente comprobable.
Y lo dejo hasta aquí, para continuar en otro artículo sobre tema del pensamiento propio y la inteligencia artificial.