martes, 22 de agosto de 2023

La historia de un cuadro y su significado

En el mes de agosto de 1990, fui designado por el extinto Consejo de la Judicatura como juez para ocupar el cargo del recién creado Juzgado Segundo Civil y Mercantil del Segundo Circuito Judicial del estado Bolívar en Ciudad Guayana. Para darle solemnidad al despacho, encargué  a José Herrera, pintor de la ciudad de San Félix, un cuadro del Libertador vestido de civil; imagen que siempre me ha llamado la atención, porque la relaciono  con las palabras de Bolívar a los asistentes al Congreso de Angostura el 15 de febrero de 1819: “… si merezco vuestra aprobación, habré alcanzado el sublime titulo de buen ciudadano, preferible para mí al de Libertador que me dio Venezuela, al de pacificador que me dio Cundinamarca y a los que el mundo entero me pueda dar”. 

La mencionada pintura, estuvo en la pared del despacho judicial los diez años que estuve a cargo del tribunal, siendo objeto de diferentes comentarios en interpretaciones por los justiciables que lo frecuentaban.  Cuando renuncié al cargo para fundar la Escuela de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello en el año 2000, me la llevé para colocarla en la recién inaugurada Sala de usos Múltiples, que era el escenario de los foros y eventos de la recién creada institución educativa. Posteriormente, por exigencias de la  decoración contemporánea, fue retirada del lugar y colocada en la sala de profesores de la Escuela de Derecho. Por último, se colgó en las paredes de las oficinas de posgrado, mientras ocupé allí el cargo de director,  hasta que en definitiva y para su conservación, la llevé a resguardo familiar. En conclusión, el cuadro tiene una interesante historia, porque ha estado en la fundación de un tribunal, la fundación de una universidad y muchas cosas más que en otro momento se pueden contar.

Pero hay algo más importante ¿Por qué una imagen de  Bolívar vestido de civil, con paisajes Guayaneses de fondo? La presencia del Libertador en Guayana y específicamente la intención de fundar una República en circunstancias adversas, es una de las facetas poco destacadas de su personalidad, que bien describe el historiador Pedro Grases en el libro Escritos Selectos, publicado por Monte Ávila: “Si pensamos en la acción bolivariana realizada en la concreción de un sueño visionario, llegaremos a la conclusión de que es perfecta la equivalencia Don Quijote – Bolívar. Podía aducirse multitud de referencias para probar este aserto, particularmente en las circunstancias adversas que solo pudo superar por la fuerza de su propósito. “Hombre de las dificultades”, se llamó a si mismo, pero lo magnifico y aleccionador es que surgía fortalecido como hombre, igual que Alonso Quijano, al vencer los obstáculos a base de su genial convencimiento. Siempre me ha parecido como índice de este quijotismo lo que le acontece a Bolívar en 1819, cuando tenia 36 años y se hallaba a la cabeza de un estado inexistente, ilusorio, a orillas del Orinoco, con el único apoyo de las soledades que rodeaban a la ciudad de Angostura (hoy Ciudad Bolívar). Sin dominio Territorial, pues casi la totalidad de Venezuela estaba en posesión de las armas españolas a mando del General  Pablo Morillo, convoca Bolívar a un Congreso para fundar la Republica”.

Del cuadro se puede tener diferentes opiniones e interpretar muchas cosas, yo personalmente lo veo como el valor del derecho ante la fuerza y la capacidad de la voluntad humana para superar las adversidades. Por eso, recuperándolo del depósito del olvido, mis sobrinos lo colocaron en la biblioteca familiar, donde está como referencia orientadora para tiempos especialmente difíciles. 

 


 


martes, 1 de agosto de 2023

Cruzando la calle, y la vida

La mítica portada del álbum de los Beatles Abbey Road, es una de las imágenes que me han servido para  enseñar de manera práctica a los  alumnos que  se inician en el estudio de la abogacía, lo que significa la experiencia inmediata del  derecho y el sentimiento jurídico popular. Si la vemos detenidamente, nos damos cuenta de que ni los Beatles con su irreverencia, se libran del efecto regulador de las normas obligatorias que dicta el Estado.

En la famosa imagen se observa como los personajes, que pueden perfectamente formar parte de la contracultura juvenil de los años 60, van vestidos cada uno a su manera: unos de traje, otros de blue jeans; unos calzados, otros descalzos etc. Pero todos cruzan de manera ordenada por donde dice la ley que se debe cruzar la calle: por el rayado o paso de cebra como quiera llamársele.

Hasta podría concluirse que, sin proponérselo, los cuatro de Liverpool envían un mensaje: privadamente, cada uno puede vivir a su manera, pero socialmente hay que vivir de acuerdo con las reglas comunes dictadas por los ingenieros del comportamiento  social, mejor conocidos como legisladores. Y esa fue la conclusión a la que llegaron algunos estudiantes que analizaron la portada de Abbey Road.

Debo añadir algo que guarda relación con lo anterior: la mayoría de los que cruzan la calle como  los Beatles, no lo hacen porque sean especialistas en leyes; seguramente ni siquiera conocen las normas. Lo hacen porque están convencidos de que eso es lo correcto. Afirmaba Kant en su Metafísica de las Costumbres que, para tener conocimiento del bien  o del mal, de lo justo o de lo injusto, no es necesario ser filósofo o teórico del derecho o la moral. “El hombre común es capaz de discernir espontáneamente entre lo que está bien o esta mal, lo justo o lo injusto”. Es lo que se conoce como el sentimiento popular de lo jurídico, que es diferente a la teoría o filosofía del derecho que se estudia principalmente en las academias. Lo que pasa es que el científico del derecho puede explicar mejor la diferencia entre la manera de ver las cosas del ciudadano de a pie, el legislador o el juez 

En fin, en tiempos en que se reclama intensamente  “el derecho del individuo a hacer con su vida lo que le  la gana”, la imagen comentada puede servir para entender la regla de oro:  individualmente cada uno puede vivir a su modo, pero al encontrarse con “los otros”, hay que respetar las normas del comportamiento social; así es la vida. Kelsen, criticado y muchas veces incomprendido, decía que, para él, “la justicia no era otra cosa que la adecuación del comportamiento humano a las normas del orden social establecido”. Muy positivista, pero muy claro en sus ideas, porque lo peor que le puede pasar a quien quiere ser jurista, es no tener ideas claras ni pensamiento propio, y navegar a la deriva dejándose llevar por las opiniones  ajenas.