martes, 23 de junio de 2020

La angustia de los abogados en tiempos de pandemia



Hoy se celebra el día del abogado en medio de una triste incertidumbre: no se sabe cuándo se podrá volver a ejercer la profesión con normalidad (si es que eso puede volver en el futuro). El golpeado ejercicio profesional que desde hace bastante tiempo sufría  el deterioro del espíritu gremial y la degradación de la autoestima del jurista,  se encuentra ahora que, si no se descubre el remedio para lo que nos amenaza, la abogacía, y especialmente la administración de justicia no será igual. Esto, en caso de que  el oficio de los juristas logre sobrevivir.

Se puede apreciar cierta resignación, de que en el futuro las relaciones serán a distancia, lo que nos  conduciría irremediablemente a un ambiente de justicia diferente: el bufete ya no será necesario, tampoco las salas de audiencias; a la larga los tribunales serán “sitios web” donde se plantearán los conflictos y se dictarán las sentencias. El Palacio de Justicia que tiene más de tres meses cerrado es posible que nunca más funcione de la misma manera. Y la oralidad, la inmediatez y muchos otros principios del quehacer jurídico serán cosas del pasado. ¿De qué estamos hablando? De otra manera de vivir

Esto ya se ve en las universidades, donde las aulas están vacías, la retórica y la dialéctica tradicional que caracterizaba a los estudiantes de derecho está desapareciendo.  Pero a pesar de todo, hay espíritus optimistas que creen que todo pasará y las cosas volverán a donde estaban: tengo razones para dudar y deseo que mis temores sean infundados.

¿Que se puede hacer?  Seguir siendo fiel al oficio y tratar de ejercer el derecho hasta el final, con fe, pero sin optimismo ingenuo. Por eso dedico estas breves palabras a felicitar a los abogados y que la reflexión sobre la realidad no pase por debajo de la mesa, como pasan estos días de monótona e interminable cuarentena. Ni quede edulcorada con esos cantos de sirena mediáticos, que se niegan a abrir los ojos ante el presente, invocando un futuro feliz que tal vez nunca llegará