Estas líneas pagan una vieja deuda, que estaba pendiente con los egresados de la sexta promoción de abogados de UCAB Guayana: me reclaman constantemente, que a pesar de haberme honrado eligiendome padrino, siempre me acuerdo de la primera promoción del año 2003 y se me olvida la de ellos, celebrada el 23 de enero del 2009. Eso no cierto, ya que las dos tienen para mí, importantes y diferentes significados
Si bien la primera promoción tuvo un efecto especial, ya que en la universidad no se había vivido hasta ese momento esa experiencia, la sexta fue mi última promoción como Director de la Escuela de Derecho; después mi destino en la universidad y en la vida cambió.
La sexta promoción cerró -para mí- un ciclo de 11 años que vio nacer una Escuela, formar un valioso equipo de docentes de primera línea y muchos egresados, entre los que se cuentan a quienes hoy dirigen la institución. Además, en tiempos especialmente turbulentos para el ejercicio de la abogacía, numerosos ucabistas guayaneses han sido destacados protagonistas del complejo mundo que nos ha tocado vivir.
En las universidades, todos los actos de graduación son importantes y diferentes, porque si bien, para las autoridades pueden ser emotivas rutinas, para los egresados se convierten el día único y especial del anhelo cumplido. Eso, las convierte para los circunstantes en una fiesta inolvidable.
Hoy la globalización tecnología hace que esos eventos sean completamente diferentes: aquellos nostálgicos actos que llenaban el teatro del Colegio Loyola no tienen nada que ver con los que hoy se viven en tiempo real por Facebook o Instagram. Porque así es el tiempo que, mientras envejece constantemente el pasado, transforma rápidamente el presente.
Así son, de manera breve, mis recuerdos de aquellos años y de mi última graduación, que no se borra de mi memoria. Y que se refresca con la imagen fotográfica que me envió un querido protagonista que al igual que sus compañeros de grado, transita los indescifrables caminos del destino