lunes, 6 de junio de 2022

Los abogados y las lecturas eróticas



Hoy comenzó la celebración de la semana de la Escuela de Derecho en la Ucab- Montalbán. El acto inaugural contó con la participación del Rector, el Decano de la Facultad y las Directoras de las Escuelas de Caracas y Guayana, teniendo como invitado especial al Dr. Allan Brewer Carias. El distinguido juristas se dirigió a los estudiantes destacando entre otras  cosas: las dificultades para el estudio y ejercicio de la abogacía en Venezuela, la necesidad de cultivar el hábito de la lectura y, por último,  la importancia y vigencia permanente de los principios de Justiniano: Vivir honestamente, no dañar a otro y dar a cada uno lo suyo. Buenos temas para tiempos especialmente difíciles.

Quiero resaltar la importancia que le dio al tema de la lectura y especialmente a estudiar por libros y no por apuntes,  ya que esto ha sido una lucha permanente de la que me he ocupado en otras oportunidades. El 8 de noviembre de 2011 publiqué un artículo titulado Lecturas eróticas, donde compartía la preocupación de diferentes docentes universitarios por el desprecio casi absoluto por la lectura. Decía allí: “Cuando  cursaba  estudios de Derecho a nivel de pregrado,  uno de los profesores más críticos de nuestra disciplina dijo que, Venezuela estaba entre los pocos países donde una persona podía graduarse de abogado sin haberse leído nunca un libro de Derecho. No me quiero pronunciar sobre  la veracidad de la afirmación, lo que puedo decir con propiedad, es que a los estudiantes no les gusta estudiar por libros; el “apuntismo” los aparta de las grandes obras jurídicas; y esto -entre otros males- trae como consecuencia que, les cuesta una enormidad redactar un párrafo en forma coherente, limitándose a plasmar en los exámenes, algunas frases sueltas, muy parecidas a los mensajes de texto o “twitters” que dominan en buena forma” (Publicado en El Correo del Caroní el 8 de noviembre de 2011) En problema no pierde vigencia tal y como lo ha destacado el ilustre invitado, porque trasciende de lo que puede considerarse como algo simplemente instrumental, para afectar seriamente la cultura jurídica de la abogacía.

En fin, no corren buenos tiempos para la lectura; la gente lee muy poco. Solo superficialmente se ocupa de los titulares y las primeras líneas de los primeros párrafos. Por eso, tanto en aquella oportunidad como ahora, engañé al lector, insinuando en mi escrito que me iba a  ocupar de temas que, para algunos pueden parecer más interesantes que los inmortales principios  de Justiniano.

Buen comienzo de la Semana de la Escuela de Derecho